martes, marzo 14, 2006

Capítulo 39 : El ojo del capitán

La casa de Miguel Pinedo era uno de esos refugios discretos y tranquilos. De muros anchos para mantener el fresco en los días del estío, y con espacio para una familia que el zapatero caído en fortuna no poseía. Durante las dos noches y un día que el capitán permaneció inconsciente en un camastro de aquella casa, la hospitalidad bien pagada de aquél que fuera compañero de fatigas de Tim, fue todo lo que tubieron.
Eso, y el resto del oro conseguido por la lanza; aunque tal cosa, al contrario de lo que cualquiera hubiera podido imaginar entre piratas, no bastaba ahora para alzar el ánimo de nadie. El hecho era que Cuchillo habiese podido sacar algo más de oro --nunca sabría cuanto-- si hubiese vendido la lanza de Alwulgis al de la casa de los Austria, representada de forma directa o indirecta por el duque de Lerma. Fue, en cambio, el joven embozado del escudo de los Aviz quien por caprichos del destino acabó llevándosela, cuando Cuchillo comenzó a tener la certeza de que algo no acababa de ir bien fuera de la casa.
Y los malos presentimientos tenían la mala suerte de hacerse realidad: cuando Cuchillo, Akil, Joordi y Jieggel disolvieron la subasta y llegaron al oscuro callejón, el capitán aun permanecía tumbado entre estertores, sangrando sin herida ninguna por un ojo que aun en casa Miguel Pinedo no había vuelto a ver. A Neria la encontraron desmayada a pocos pasos de Tim, y de la bruja no había más rastro en la escena que la sangre derramada cuando el capitán comenzó a perforarle el ojo.
No tubieron tiempo de buscarla, teniendo que correr a refugiarse a la casa del zapatero con el capitán inconsciente y la joven bruja apenas sosteniéndose.

El dia siguiente transcurrió lento y tenso. Akil intentó dar con el Rapsodia, que había de esperar en un puerto discreto de las afueras de Lisboa. Mas el barco, para desesperación del moro primero y del resto después, no parecía estar ni allí ni en ninguna otra parte, salvo en el fondo del mar hundido por barcos de Golden Sunrise.
No hubo manera de que el capitán despertase, hasta que lo hizo por sí mismo a la noche siguiente. Ocurrió poco antes de las primeras luces del alba, entre sudores de una histeria incomprensible que parecieron eclipsar el alma del capitán. Tal como Neria intuyó después, la bruja Regueira podría haberlo encantado para así decirle lo que le tenía que decir: La historia de su vida y el lugar que él mismo ocupaba en sus planes.
Por útimo. estaba el asunto del ojo derecho del capitán. No parecía haber en él daño alguno, y justamente eso era lo más extraño, porque no podía ver nada en absoluto con él.

Vuélveme a contar lo que pasó. --ordenó el capitán a Neria
--¿Qué parte no entendiste? Tú estabas urgando en su ojo con la navaja. No debía gustarte mucho aquel ojo, cambiándoselo como estabas por la piedra. Y entonces, Regueira debió pasarte a ti, cuando ella creyó oportuno, todo el el dolor que tú le estabas provocando.
--Y no solo eso --murmuró Tim entre dientes--. Tambien me transmitió lo que me quería decir, y ciertamente lo vi con mis propios ojos.
En eso momento cerró el ojo izquierdo y pasó la mano por delante suyo. Seguía sin ver nada.
--Lo que no entiendo es qué me hizo en el ojo, siendo el suyo el que cabó deshecho.
--Yo misma tampoco lo sé. En comparación con Regueira, apenas sé nada sobre magia.
--Te recuerdo que la derrotaste.
--Eso, mi capitán, te lo debo en parte a ti --dijo Neria recordando como le había arrojado a Cabeza de Tiburón como última carta en la pelea mental.
--Dime lo que sepas o te imagines.
La joven se quedó pensando, con las cabeza apoyada pesadamente en las palmas y al cabo dijo algo que el capitán ya había pensado antes.
--Tú le estabas urgando a ella en el ojo. Todo su dolor estaba allí, así que cuando ella te lo pasó tu ojo no pudo aguantar.
Se hizo un silencio más. En verdad no sabía Neria qué mal habría podido afectar al capitán, y pudiera ser que lo qeu acababa de decir fuese verdad. Sin embargo, no era todo lo que se le había ocurrido pensando en aquello, y ya había empezado a imaginar otras posibilidades: un ojo, al fin y al cabo, servía para ver, pero no siempre se ve lo que uno se espera. Muchas veces incluso, ocurre que no sabemos ver y la imagen se descubre solo cuando se aprende a utilizar un ojo que ha dejado de ser normal. Todo podía ser, estando Regueira de por medio. Como tambien podía ser que el capitán volviera a recuperar la visión normal de un momento a otro.

Había problemas de más dificil solución que ese. Como el hecho de estar separados de Rapsodia, y tambien sin noticias ni posibilidad de obtenerlas. Edrik conocía la casa del zapatero, y acudiría a él si tenía que buscar al capitán. Era cuestión de astucia y, sobre todo, de paciencia.
En aquel momento llamaron a la puerta.



4 Comments:

Blogger Amarth said...

Hiswelin donde estas????

La historia aun tiene mucho que dar de si XDD

10:19 p. m.  
Blogger Kyanon Súlendil said...

Parece que esto va perdiendo de nuevo carrerilla... snif...

12:38 p. m.  
Blogger Kyanon Súlendil said...

cagon to...

7:52 p. m.  
Blogger Kyanon Súlendil said...

2 cosas:

1.- He cambiado la descripcion de debajo del título del Blog.

2.- Saltándome cualquier norma moral, y dado el tiempo que lleva congelada la narración de esta novela, si nadie escribe el martes que viene lo haré yo mismo aunque eso suponga escribir dos veces seguidas.

11:54 a. m.  

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