miércoles, marzo 22, 2006

Capítulo 41: Visitantes

Se hallaban allí Miguel Pinedo, el Capitán Tim, Tomás Cuchillo, Jordi, Akil, Jieggel, Neria, y los tres brutos que completaban la compañía, todos a la espectativa de aquella llamada a la puerta del zapatero. Una mirada interrogativa del capitán estimuló rauda la lengua de este.
--No espero a nadie, y de los que saben de este lugar nadie me vendería.
Cuchillo sintió temor al principio, pero solo por un corto instante. Después hechó un vistazo al rededor y se sintió mucho mejor: Nueve hombres fuertes, ocho de ellos piratas, y una bruja no caerían facilmente. Veinte manos con la disciplina de la muerte no venderían barata su vida. Cuando Pinedo fue a abrir la puerta, solo él y cuchillo quedaron en escena. El resto habían desaparecido.

Dos hombres, uno más adelantado, ambos con la mano en la espada enfundada, aparecieron a la otra parte. Cuchillo no tardó aquél en el qeu había entrevisto el escudo de la casa heráldica portuguesa, y que acabó comprando la lanza d Alwulgis. Vestía con la sencillez del noble encubierto, rematada la imagen con aquél embozo que cubría la mitad inferior del rostro. Los ojos y la postura, sin embargo emitían confianza y un punto de emoción amistosa.
Un paso detrás de este, a la distancia justa en la que podría interponerse de un ataque a su protegido, se erguía un hombre vestido con peto visible de acero y yelmo sin visera. Las extremedidades quedaban cubiertas por trapos abultados de colores, y aunque el rostro tambien quedaba más en el secreto que a la luz, el aspecto general era el de un soldado al servicio de los conquistadores en las indias.
--Buen día --dijo el de aspecto de noble encubierto dirigiéndose mas a Cuchillo que a Miguel--. Aunque aun no me conoceis, imagino que me recordais por la subasta.
--Bien os recuerdo. ¿Cuál es el motivo de esta visita y cómo me habéis encontrado?
--¿No me preguntaréis primero quién soy?
--Prefiero saber si venís a matarme y con qué recursos contaríais para ello.
--Estate tranquilo a ese respecto. Solo somos dos --dijo con una risa amigable, señalándose a si mismo y su guardaespaldas--. Nada podríamos contra una cuadrilla como la que en esta sala se esconde. Al respecto de cómo hemos encontrado este lugar, hemos tardado dos días en dar con ella. Cualquier hombre con influencia y astucia hubiera descubierto al único amigo que Cabeza de Tiburón pudiera tener por aquí.
--No cualquier hombre. ¿Quién eres tú?
Esto lo dijo el zapatero, reprimiendo mirar hacia las vigas donde se escondía el capitán. En vano, ya que el capitán salió en ese momento pistola en mano. El visitante, sin mostrar más sorpresa que complacencia, no tardó en responder.
--¿No me invitaríais primero a pasar?

Resultó que aquél hombre decía ser sobrino del desaparecido Sebastián I, monarca de Portugal de la Casa de los Aviz. Sin embargo, en su habla no se desprendía aspiración ninguna de quitar el cetro a los Austria, y ni siquiera dio más importancia a su propia estirpe. Su nombre, era Alfonso: Alfonso de la Nocheterna, para servirle a Dios y a usted.
Para sorpresa de cuantos había allí, el guardia perenne no era exactamente tal. En todo caso, para empezar, hubiese sido la guardia; tal como descubrieron cuando aquél rostro de indudable femeninidad se acercó a la luz. Pero entre ambos se había establecido una relación que superaba el negocio. Tampoco eran dos enamorados, y más parecían dos camaradas fieles en la aventura libre que eran sus vidas. Lire era el mote de ella.

--Somos dos Lobos del Mar Carmesí. --Dijeron sin reparo. --Tan humanos como vosotros y tan libres como todo el mundo quisiera.
--Monarca, Lobo del Mar Carmesí, y humano... demasiadas cosas dice ser usted al mismo tiempo. --replicó Tim.
--Sobre la corona nunca guardé ambición. La monarquía que llevo en la sangre no la pude elegir ni di importancia nunca. En todo caso de nada me sirve en el oficio.
--¿Y qué oficio pueden tener dos Lobos como vosotros?
Fue la mujer la que contestó.
--Servirle a usted de ayuda. Habrá comprovado ya que pocas cosas escapan a nuestr visión.
Tim, que no acababa de creerse todo aquello, lanzó una pregunta con sarcasmo.
--¿Y llega esa visión hasta nuestra embarcación cuyo nombre ya conoce?
--No solo eso. El Rapsodia --Alfonso no dijo Putafosca-- le necesita a usted y al resto de hombres en este mismo instante, y creo que yo podría llevarle... si confía en mí.
--No sé cómo pretende que yo confie en alguien como usted. ¿Qué provecho saca usted de todo esto? --Antes de que cualquiera de los dos contestara, él se adelantó.-- Ayudarme en la misión que la bruja me dió es ayudar a los Lobos. Además Cuchillo acabó dándoos a vosotros la maldita lanza. Últimamente empezais a joderme. Y sé que no sois dioses.
Lire se puso seria en ese momento.
--Ya dije que somos tan humanos como usted --dijo, aunque esta vez se deshilachó en la frase un tono de inseguridad--. No crea que controlamos todos los elementos. Es por eso que necesitamos que venga, aunque si quiere que le sea franca, sospecho que no todos le quieren vivo.

Todos en la sala centraron la vista en el capitán, especialmente Neria. Fue en cambio Cuchillo, deobeciendo la disciplina, quién no pudo reprimir un gruñido:
--Ya tenemos, mi capitán, una pata metida en ese charco del infierno. Si hemos de acabar hundidos enteramente, más vale que seamos nosotros los que nos zambullamos; aunque sea para averiguar que clase de diablos nos tienen agarrado. Considérelo la mejor pesca que pudieramos imaginar

3 Comments:

Blogger Kyanon Súlendil said...

Acabé. No sé por que me ha salido ese interlineado, ya lo arreglaré cuando llegue a casa (escribí desde el poli constipado como estoy para no distraerme cuando llegara a casa).

Espero que no desagraden mis planes para con la cuadrilla.

6:55 p. m.  
Blogger Amarth said...

Esta bien Bruno no me desagrada XD

Aunque vasmoa seguir con un grupo u otro, lo digo porque puede liar XDD

8:22 p. m.  
Blogger Kyanon Súlendil said...

Va , que Victor me ha dicho que no le escribimos na.

12:45 p. m.  

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