lunes, mayo 15, 2006

Capítulo 46: Pieles pardas

El grupo del Barbas se planteó una misión sencilla, dar caza al traidor. Ningun pirata abandona a su grupo en medio de un importante cometido como el que ahora les ocupaba. Durante un rato pudieron seguir al gitano con facilidad dado que su antorcha relucía en el horizonte. El porque no la había apagado el Barbas prefería no saberlo, quiza fuera por la creciente oscuridad o quiza no. Pero en cuando llegaron a la selva perdieron su estrella guia, los arboles formaban una espesa pared que impedia una visión clara. Deberían seguir el rastro de sus pisadas en la hierba. Dado que la vegetación era abundante pudierón hacerlo con suma facilidad, tallos pisados por un lado, flores arrancadas, setas pateadas el maldito gitano no tenia ninguna intención de esconderse tenía claro que conseguiría huir.

Con un gesto silencioso Durren, un musculoso marinero especialista en la fabricación de cuerdas, detuvo al grupo y señalo un gran arbol situado un poco mas delante. El tronco podría apenas rodearse con diez hombres y estaba rodeado por incontables lianas, pero esto no fue lo que les preocupo, lo que les preocupo fue lo que había a sus pies. La cimitarra dorada con empuñadura con forma de cara de halcón y ojos de rubis, la posesión más preciada de Arrigo que decía haberla encontrado en una de sus innumerebales así como inverosimiles aventuras. Que estuviera allí abandonada solo significaba una cosa, o Arrigo se había vuelto loco de repente
o estaba más tieso que la mojama y a decir por las salpicaduras de sangre en las cuales revoloteaban algunso insectos, esta parecía ser la opción más oportuna. Barbas hizo la misma reflexión hacia sus adentros, penso en la criatura que podia hacer eso a un entrenado pirata, un oso, un tigre, algo más exótico quiza. Recogieron las pertenencias del difunto y se prepararon para volver, tomando como guia únicamente el sentido de la orientación.

"Como un picor detras de la espalda", esta era la mejor definición que se le ocurría al Barbas para describir la mirada que sabía que alguien le estaba clavando, no obstante no debía olvidar felicitarlo el maldito no hacia ruido ni se dejaba de ningun modo, tenía su papel bien aprendido. De todas maneras nuestro viejo Barbas no era ningun novato en este oficio, donde si no mantenías tu atención más centrada en las intenciones de los demas, acababas con tres palmos de acero sobresaliendo de la tripa. Parecía que sus compañeros no se habían percatado aun de la existencia del cazador, así que Barbas decidio utilizar el factor sorpresa.
-- Esperadme aquí tengo que parar a mear. -dijo al tiempo que paraba.
-- No me jodas que piensas pararte a meneartela en esta mierda de jungla. - exclamo Durren.
-- Estaré aqui antes de que me puedas echar de menos maricón. --contesto "Barbas" girandose y haciendo caso omiso el enfurecimiento de Durren.

Siempre habia sido un tipo ordenado, por ello aunque se tratara de mear siempre procuraba hacerlo de esta manera. Linea arriba, linea abajo, formando una perfecta rejilla. Y parece que esta súbita espontanedad suya le había alegrado el día a su perseguidor porque se acercaba lentamente. El barbas escondia su hombría y lentamente echo mano a uno de los afilados cuchillos que había recibido del mejor lanzador de estos que conocía, deseando que se encontrara en mejor suerte que el. Afianzo la hoja y se giro a la velocidad del rayo.

El rojo de la sangre siempre le había parecido algo mágico, como si brillara con la misma vida que otorgaba a sus poseedor, no obstante no se podía lavar con nada y la herida que le habia hecho al "perseguidor" le estaba pringando la camisa. Su supuesto cazador se trataba de un hombre fornido y tremendo de raza negra que portaba una mascara con forma de oso y unas cuantas pieles de este último a modo de ropa. El navajazo parecía haberlo dejado paralizado, o tal vez el hecho de que el viejo que había intentando a empalar con su lanza la había esquiado por suma cautela. Pero aquel salvaje no caía, ajeno al navajazo del pirata parecía más preocupado en otros asuntos, fue entonces cuando se encaro cara a cara con el "Barbas" y le rugio a la cara. Vaya que si le rugío no como un hombre sino como un auténtico oso haciendo que el pirata se estremeciera de terror. Pero un pirata no se asusta, al menos mucho rato, por nada.
Si al Barbas la sangre le gustaba no se podía decir lo mismo de los sesos, y si no querías tener que verlos, descerrajarle un tiro a alguien con un pistolón de balas de un cuarto de libra no era la mejor opción. Aunque ahora no se arrepentía, aquel negro había sacado una fuerza sobrehumana de la nada y poco había faltado para haberlo dejado paralizado de terror. Que demonios habita esta isla pensó.
-- ¿Y este?,-- pregunto Durren cuando aparecio sable en mano dispuesto a combate.
-- Parece ser que el asesino de Arrigo ahora venía por nosotros.
-- La suerte te acompaña una vez más viejo. -- dijo Stephen, el mejor amigo de Durren que completaba el trio de exploración.
-- Debemos volver cuanto antes y avisar a los demas, la selva no es seguro, hagamos nuestro trabajo y larguemonos de aqui cuanto antes.
-- Vamonos pues. --exclamó Durren, y Barbas comprendio que al igual que el todos deseaban volver al cuanto antes.

2 Comments:

Blogger Amarth said...

Y vuelvo depues de años!!!

A ver que os parece!!

Los examenes no perdonan!!!!!!

6:05 p. m.  
Blogger Kyanon Súlendil said...

Cuando parecía que la proa de nuestro barco empezaba a disponerse en barlovento y la quilla empezaba a musgarse ¡He aquí uqe un golpe de timón adreza nuestro relato!

(aunque revisa un poco la construcción de frases, sobre todo del segundo parrafo :-D )

A ver si escribo en breve, porque si de nuevo lo dejo para largo me da a mi que será para nunca.

9:29 p. m.  

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