martes, febrero 28, 2006

Capítulo 35 : La garla de la bruja

Cabeza de Tiburón agarró por el cuello a la bruja y la situó justo enfrente suyo. Regueira lo vio llegar, pero no tubo el tiempo de hacer nada cuando este le estampó el puño en la cara. No un puño imaginario, si no uno real que pese a hacer el mismo daño daba a la bruja una idea sobre lo qeu venía después.

De haber sido plasmada en un lienzo o en un tapiz, aquella escena hubiera sido censurada en cualquier cultura: Una anciana exausta y llena de barro, tendida en el suelo; y un hombre de vigote y perilla, vestido con pulcritud, sentado encima de ella como quien se sienta en un taburete. Tim, prevenido pese a todo, mantenía el filo de su sable en el pescuezo de la mujer y la mirada tranquila hacia el local donde Cuchillo estaría intentando perder todo el tiempo que pudiera.
Cualquier otra anciana con un hombre sentado en su estómago hubiera empezado a gemir, o intentar gemir. Regueira no lo hizo. Y no era por que el cuerpo de ella fuese diferente al del resto de mujeres, o eso creía el capitán. Solo con esfuerzo consiguió girar una cabeza y ver a Neria desde el suelo.
--¿No se lo vas a decir, muchacha?
--¿El qué? --Contestó Neria.
--Ya sabes, lo de vuestro barco. En esta posición yo no puedo hablar mucho.
La joven se volvió con cara comprensiva y nerviosa hacia Tim, y le contó lo que Cuchillo y ella acababan de oir sobre la situación del Rapsodia. Cuando acabó, el capitán asintió gravemente.
--¿Te comunicaste con el Governador? --Preguntó a la vieja.
--Tal vez. --El capitán busco una piedra con la mirada, y cuando encontró la que quería dijo a neria que se la diera. Cuando la tubo en la mano, sacó una navaja y la abrió. --¿Qué vas a hacer?
--Voy a cambiarte un ojo por esta piedra.
La bruja rió por un momento, y al poco quedo en silencio otra vez. Resultaba curioso que la bruja se hubiera dejado atrapar tan fácilmente, pero el capitán no se amilanó por ese hecho. Tampoco por que tal vez la mujer fuera inmune al dolor, o por que algunos de sus hombres podrían estar observando, con ordenes de no actuar. Tal como sucedió unos años antes con su hermano, la bruja podía fingirse presa cuando era el predador.
--No.
--¿No, qué?
--No hablé con el governador. ¿Cómo hubiera podido hacerlo?
--Dímelo tú, esposa de Satanás.
--No fue él quien me dijo que rondabas cerca, si no alguien de mi propia casa. Y no es difícil imaginar que barco y capitán no se alejan nunca el uno del otro. Cuando me informaron de que cinco barcos de Golden habían sido vistos desde la costa, todo me empezó a cuadrar.
--Mientes. --Espetó Tim.
--Tal vez. Y no me amenaces de con eso de quitarme los ojos.
--No te he amenacé, te dije lo que iba a hacer.
--Pregúntame ya lo que quieres saber, creo que me estoy empezando a cagar. --Rió la bruja, y con la risa soltó un pedo.
--¿Qué representa el medalón?
--El amor que aun sientes por tu hermano muerto.
--¿Que representa para ti?
La bruja permaneció un momento seria, sin encontrar las palabras. Al cabo respondió:
--Representa mi salvación.
--¿Gozarás de mayores privilegios en el cielo o en el infierno por recuperarlo?
Tampoco esta vez contestó de inmediato la bruja. Al principio incluso pareció compadecerse de la ignorancia del capitán, pero de nuevo encontró las palabras, y contestó comprensivamente:
--En cierta forma, aunque no en el cielo ni en el infierno. El medallón está ligado a otro sitio...
--Sí, ya imagino qué sitio: el Mar Carmesí.
--Así es.
--¿Así que es una especie de galón? Nunca lo hubiese podido imaginar. El medallón es el símbolo de algún título de noble del Mar Carmesí.
--Igual que un anillo real acredita a un varón, duque, o conde, aquel medallón perteneció a un poderoso nearca, tal como son denominados los grandes capitanes en esas aguas. Yo misma vi caer al dueño, y acabé haciendome con él en mi juventud. Aunque parece que desde hace unos años el medallón aun está buscando un amo digno, ¿verdad? A estas horas ese trozo de metal estará sembrando las más oscuras ambiciones en el juego de los nearcas.

Se hizo un silencio en aquel momento. Un silencio peor que el ruido de la alerta, como la tensión previa a un disparo de cañón. Se oía la respiración de la bruja. Se olía miedo en aquél instante. Mierda. El capitán dejó de jugar con la piedra entre sus dedos, como llevaba haciendo. Lo peor de todo era que torturar aquella mujer no tenía ningún sentido, ni siquiera se sentiría mejor. Ni siquiera estaba seguro del porqué la odiaba tanto.
Visto desde otro ángulo, era eso lo que necesitaba: razones para odiarla.
--Tú has estado en ese lugar. --La bruja asintió, esperando la pregunta. --¿Cómo lo encontraste?
--¿Que cómo lo encontré? Vaya, jovencito, eso tiene gracia. Yo nunca encontré el Mar Carmesí.
Sin ningún aviso previo a lo que Tim le pareció una perdida de tiempo, el capitán acercó el filo al ojo derecho de la bruja, y pinchó. La bruja sin embargo no moderó su discurso, mientras seguía hablando. --Yo nací en el Mar Carmesí.
--Dime cómo puedo ir yo.
Realmente era doloroso que aquella monstruosidad que era Regueira no pareciese sentir dolor. Cabeza de Tiburón pellizco el parpado, y conmenzó a clavar el filo entre la globo ocular y la carne.
--A veces deseo volver, jovencito. A veces... --La bruja empezaba a ausentarse mientras hablaba.-- mis viejas carnes desean retornar a esas aguas y esas costas...
--¡Dime ya cómo he de volver yo!
--...Y volver a ver a aquél hombre. Por eso te dije que el medallón era mi salvación.
--Tus hombres no van a poder hacer nada por ti cuando te haya matado.
--No entiendes nada, jovencito.
Entonces Tim entendió, mientras destrozaba el ojo derecho con la navaja. Neria lo hizo incluso antes, adivinando lo que iba a suceder, pero no hubiera servido de nada avisarle. Durante el combate mental, las dos brujas usaron ese tipo de magia sencilla, en el que se pueden tranmitir sentimientos e ideas, solo con el contacto ambas. La quimera mental era tan real que Regueira había sido realmente golpeada dos veces por el capitán, y ahora apenas podía moverse. Pero la anciana sabía algo más. Había aprendido lo que no se debía aprender y mucho más.
La bruja no había gritado por que no sentía dolor, pero ese dolor era una poderosa mercancía. Regueira la había estado acumulando y cuando creyó oportuno, dejó que fluyera hacia el capitán, que tampoco chilló. Imaginar cosas y transmitrilas era una cosa. Guardar dolor y transmitirlo era otra. Era así que la bruja no dejó brotar el dolor en forma de chillido en el cuerpo del capitán.
Era así que la bruja podía causarle el trauma suficiente como para que el capitán siguiese implantando la piedra en la cuenca y sentir él mismo el dolor. Y no poder gemir con toda el alma.

--Tim Cabeza de Tiburón... hace tiempo que andaba buscando a alguien a quien contar mi historia. Y tú querías escucharla. No decepciones a esta vieja moribunda y escucha con toda el alma, porque solo así entenderás bien lo que aun he de contarte.

Capítulo 34: El callejón de detrás

Mientras saltaba al callejón, Neria ya iba pensando en lo que le había enseñado también su maestra para los raros duelos de hechicería. Para éstos había una regla tácita: puesto que los poderes desplegados sutilmente por los contrincantes podían destruir a ambos a largo plazo, se había planteado una forma diferente de lucha, con la que medir la fuerza del espíritu de cada combatiente.
Regueira estaba apoyada contra el muro del local, y la miraba con brillo de diversión en los ojos.
- Así que tú eres la famosa Neria, la aprendiz de mi maldita hermana. ¿Qué ocurre, que no puede venir ella en persona a enfrentarse a mí, que suelta a los cachorrillos por miedo a que el perro grande acabe herido?.
- Tu hermana está muerta - contestó Neria de forma un tanto brusca - yo misma la vi caer bajo el sable de Cabeza de Tiburón. Ahora mismo, como habrás podido comprobar, les estoy ayudando, pero sólo para que mi venganza resulte más fría, y más dulce tal vez. Ya conocerás el viejo consejo de tener al amigo cerca y al enemigo más aún. Y ahora tú y yo estamos frente a frente, así que empecemos.
Regueira, que si se había sorprendido por la muerte de su hermana no lo demostró, tomó las manos de Neria en un gesto dulce, y ambas cerraron los ojos. El duelo había empezado.

Neria estaba sumida en la meditación, y así le llegó el pensamiento de Regueira: "Empieza tú primero", así que lanzó una primera estocada de sondeo. Recordó uno de los muchos cuchillos que colgaban del cinturón de Tomás, y dirigió este pensamiento hacia la bruja. Inmediatamente apareció un escudo que desvió la hoja. Regueira no era una principiante. Había esperado un primer ataque semejante, así que contraatacó con la imagen de Cuchillo mismo. Por suerte, Neria había tejido una telaraña de indiferencia entorno a él, así que no le costó plantar un muro contra el que Cuchillo se golpeó y se retiró lanzando maldiciones.
Era hora de cambiar de registro. Neria imaginó una puerta, la abrió y visualizó inmediatamente a Regueira suspendida en un acantilado, con las olas resonando, incluso, cientos de metros por debajo de ellas. La bruja respondió al ataque inmediatamente, trazando un puente que se extendía sobre la nada, pero sobre el que se mantuvo en equilibrio. Con un poco más de meditación, la hechicera alargó la tierra hasta donde se encontraba, y bajó del puente de un grácil salto. A su lado aparecieron dos grandes perros que se lanzaron de inmediato hacia Neria. Ésta ya se empezaba a agotar, pues aún no tenía la suficiente experiencia, así que a duras penas tuvo tiempo de invocar dos grandes ristras de longanizas, y lanzarlas lejos de forma que los perros se fueran. En un último esfuerzo, Neria esbozó alrededor de Regueira un grupo de personas incrédulas y de escépticos científicos, que podían perforar la magia de la bruja si Neria lograba mantenerlos cerca. Pero inmediatamente pasó un predicador muy convincente, que se los llevó a todos tras una extraña cruz, y cantando salmos a Jesús Hombre.
Ya Regueira se preparaba para el que sabía sería el último ataque, cuando de repente evocó la imagen de Cabeza de Tiburón cogiéndola por el cuello en el callejón donde peleaban. Así se abrió un resquicio de esperanza para Neria, que con sus últimas fuerzas mentales imaginó a la bruja justo enfrente suyo, y estampó un sonoro puñetazo en su cara.
Neria abandonó la ensoñación, justo a tiempo para ver a la hechicera caer al suelo, sosteniéndose la cara con las manos, sufriendo dolor físico por su último empuje. Cabeza de tiburón avanzaba hacia ellas por el callejón pero aún no había llegado a su altura. Por suerte, gracias a alguno de los agudizados sentidos de Regueira, que la habían advertido del peligro que se acercaba, Neria había podido tumbar sus defensas. Y ahora la bruja se levantaba trabajosamente, vencida.

Capítulo 33: Atrapar lo invisible

La magía es el reflejo del alma de una bruja, junto con su poder, lleva su voluntad y por supuesto parte de la esencia misma de la bruja. Pese a que jamás creo que seas capaz de manejar sortilegio alguno mi aprendiz, puedo informate e instruirte para ser una experta en el tema. Cuando una bruja realiza un encantamiento usando magia no pasa nada en especial in vistoso, no veras grandes llamaradas o el plomo volverse oro, sino que se pondrán en marcha sutiles cambios para grandes transiciones, como el agua que poco a poco acaba con el dique que la contiene. Así pues es muy dificil detectar estos sutiles cambios, no obstante como te he dicho al principio cuando alguien usa la magia desprende algo de esencia, y esto es algo que si puedes llegar a sentir.
Las palabras de su maestra resonaban en la mente de Neria, quien se preguntaba como sería la esencia de la hermana de su instructora. No la conocía personalmente, y pocas eran las veces que su maestra había siquiera nombrado algun detalle, iba a ser dificil conseguir descubrirla. Comenzo a concentrarse, a sentir todo lo que la rodeaba, "no te ates, si te concentras en una hoja no podrá ver el bosque" le había dicho su tutora(en el original y debido a un alto dominio del castellano el autor escribió "meretriz" disculpas), poco a poco e intentando que no se notara en su semblante comenzo a sentir el aura de los residentes, curiosidad, deseo y avaricia eran los sentimientos más palpables ese momento en la atmosfera. La sorprendierón dos sentimientos que desentonaban con el ambiente, el primero era adoración, una profunda devoción que llegaba el nivel de lo que algunos llamaban santos, Neria poso sus ojos sobre los del joven totalmente cubierto con una capa negra, pero este no tenía ojos para otra cosa que no fuera la lanza, pero no era aquel al que buscaban, el otro sentimiento que la extraño fue añoranza.

Ahora que la había visto se preguntaba, como era posible que alguien apoyado e n una pared y cubierto por una capa y capucha verde esmeralda le hubiera pasado desapercibido hasta ese momento, solo unos carnosos labios pintados del mismo color que sus ropas mostraban algo de su rostro, la bruja Regueira sonreía hacia Neria al instante que aplaudia en silencio el logro de esta última, despues se giró hacia la puerta y la invito a salir del local. Neria se giró hacia Cuchillo y le cuchicheo al oido que tenia que ir al corral a hacer sus necesidades, este pareció dudar un momento y despues comenzó a reir al tiempo que la despedía. La joven salió al corral para luego saltar la tapia y dar al callejón donde le esperaba una sombra.

-- Bueno señores sigamos con esta sorprendente venta,-- dijo Cuchillo, recuperando el tono teatral, el plan debía seguir al menos por el momento.-- alguien había ofrecidó 50.000 maravedíes, pero amigos que es eso si pensamos que esta lanza es prueba más que suficiente para conseguir la recompensa por "cabeza de tiburón" un buen puñado de oro y el titulo de caballero, aunque yo bien prefiero el dinero en mano y la gloría de haber acabado con tal odiado villano.
El capitán Tim rió para sus adentras, pues sabía que las palabras del pirata destilaban veracidad y su hombre estaba disfrutando. Tim sabía que no era amado pero le compesaba ser odiado. Pese a la perpicacía de Cuchillo parecía que este no se había dado cuenta de los movimientos de Neria, pero Tim era "tiburon" viejo y estas jugadas no se le escapaban, cuando todo el mundo estaba centrado en la subasta se dirigio sigilosamente a la salida, el cebo estaba hechado el pez no tardaría en morder el anzuelo y cuando lo hiciera el estaría allí para saborear su sangre y disfrutar de su caza.

domingo, febrero 26, 2006

Capítulo 32 : La subasta

La sala era en aquel momento una especie de vórtice en el que se concentraban distintos tipos de pólvoras, aunque sin duda la de mayor explosión era la que procedia del hombre llamado Francisco de Gómez de Sandoval y Rojas. Aquél que pasó a la historia con el título de duque de Lerma, valido de Felipe III.
Era imposible saber si él mismo se encontraba en persona, pero su influencia se hacía presente en cinco de sus hombres, que lucían orgullosos el escudo real. Y auque en este ambiente no se respetaran protocolos de realeza --acudir a este acto ya era en sí mismo pecado mortal de apología a la brujería-- tocar a estos hombres haría caer una tormenta terrible.
Se encontraban así mismo dos adinerados capitanes, con una corte de tres o cuatro matones cada uno, y un joven embozado hasta los ojos que para incredulidad de Cuchillo portaba oculto el blasón de los Aviz, la dinastía que con la muerte del cardenal Enrique quedaría extinta teóricamente en 1580. El joven quedaba al amparo de un soldado personal vestido de armadura, una como las que usaban los conquistadores en las indias. En la noche de 1607, el reconocimiento de aquél hombre podría suponer un nuevo y poderoso quebradero de cabeza para la corte de Felipe III, de los Austrias. Por útimo, cuatro o cinco burgueses indiferenciados se sentaban en un lado de la sala, e intentarían hacerse con la lanza de Alwulgis; si bien uno de ellos solo interpretaría ese papel. Era el capitán Tim Cabeza de Tiburón.
Jieggel, Jordi, Akil y cuatro o cinco hombres más se situaban a la vista de todos, intentando parecer la punta visible de una guardia que dominara la situación.

En aquel momento aparecieron Cuchillo y Neria, caminando por la tarima del local. Cuando llegaron a la mesa puesta a tal efecto, destaparon el objeto y se sentaron. Aprovecharon la sorpresa del momento para escudriñar con la mirada aquella masa indiferenciada de poderes: No había rastro aun de Regueira.
--Hombres que quedais aquí reunidos, no olvidareis esta noche. Cuando muchos la creían perdida, y solo unos pocos la creían en manos del odioso capitán Tim, yo os la traigo. La primera cifra ya se me a presentado en cinco mil maravedís españoles, por el hombre del fondo de la sala. Pero no dudo que muchos estareis dispuestos algo más. ¿Verdad?
--Cincuenta mil maravedís --Sonó de la voz de uno de los capitanes de mar. Hasta el agente del duque de Lerma quedo asombrado por un momento, y se dispuso a responder con más dinero. Sin embargo, en aquel momento sonó la puerta de la sala, y un hombre menguado de rasgos judíos entró por ella.
--¡Detengan el acto unos segundos al menos! Tengo noticias para los señores Tomás Rodrigo y Neria, ofrecentes de La Lanza.-- Cuando el hombre se acercó lo suficiente como para uqe solo ellos pudieran oirlo, el hombre continuó. --La anciana mujer R a la que buscais me manda deciros que está entre nosotros ahora. Ha acabado cayendo como deseabais y si cancelais esta estúpida subasta, se presentara a vosotros.
--Hay aquí más hombres que temen por su poder ser descubiertos. Espero que no sea la bruja tan cobarde como para dejarse intimidar por ellos. Si quiere la lanza, que puje ella misma.
--No me queda más remedio que informarle de otra cosa, mi querido Cuchillo. La mujer R me manda deciros que anoche fueron vistos desde el castillo de San Jorge un galeón escoltado por cuatro goletas de bandera pirata. Andaban buscando a otra nabe y a estas horas tal vez la hayan encontrado. ¿sabéis?
--No os entiendo --Contestó Cuchillo, que por desgracia comenzaba a entender.
--Bueno, no es necesario que entendais nada. Solo quería que supieseis que una goleta de dos mástiles y medio se ha topado con algo más que pobres pescadores a los que saquear. Por si no lo sabes, R estableció hace tiempo alguna relación con el governador de Golden Sunrise... ¿Veis ahora quién está en una trampa?

Diciendo esto, el hombre dio media vuelta y se sentó junto con el resto de pujantes.
A Cuchillo se le vino el mundo encima. ¿Cómo era posible que sus enemigos se confabulasen tan rápido? Quizás aquello era mentira, pero el hecho de que Regueira supiera que eran perseguidos por el Governador ya era aterrador. Cuchillo --Tim, en realidad-- tenía la lanza, pero el Governador y la Bruja andaban tras el Rapsodia, o quizás ya lo tubieran. Solo Neria sonrió un poco, porque sus cartas estaban apunto de ser jugadas.

jueves, febrero 23, 2006

Capítulo 31: La avaricia es el cebo

Ya seguros en casa de un viejo amigo del capitán, zapatero de profesión y Miguel Pinedo de nombre, el grupo de Tim se asentó en una habitación a planear sus próximos movimientos.
-- Será mucho más facil hacer que nos encuentre la bruja que buscarlas nosotros mismos.-- afirmo el capitán. -- Tenemos algo que la interesa sobremanera y lo usaremos de cebo.
Se giro hacía donde estaba Jieggel y este deposito en sus manos el largo y oculto objeto, tras un momento de forcejeo con los nudos, el capitán mostró a todos la lanza de "Alwulgis" que brillaba hipnoticamente a la luz de los candiles. Solo Nería pareció mostrar algo más que sorpresa mordiendose el labio inferior en un signo de rabia, cosa que pareció divertir al capitán.
-- La lanza "bendita" codiciada por muchos, deseada por más pero lamentablemente solo poseida por unos sucios piratas.-- comentario que provoco carcajadas en Jordi y Akil, debido tal vez a que se habían calentado previamente con algo de ron. -- Sera nuestro cebo, ahora bien debemos jugar bien con el, dejadme que os comente lo que he planeado...

Cuchillo y Neria paseaban tranquilamente por las calles de Lisboa alumbrados por cálido sol matutino, y a mucho pesar del pirata no se habían dirigido apenas un par de palabras. "Si trabajar con esta mujer, significa no garlar en todo el dia, que me aspen si no me prefiero tullido y leproso" penso Cuchillo. Al fin llegarón de nuevo a casa de la bruja y llamarón a la puerta.
-- ¿ Quien vá ? -- pregunto una voz, distinta a la anterior al otro lado de la puerta.
-- Nos gustaría hablar con el señor o "señora" de la casa tenemos bellos artículos, que seguramente deseara para su uso personal. -- dijo Cuchillo con un tono jovial y desenfadado.
-- Aqui no queremos ningun tipo de baratijas, marchese.-- contestó la voz.
-- Oh no diga eso gentil señor, tal vez no le interese a su "señora" algun collar de perlas, pendientes de oro de las indias o incluso una lanza bendita.

En menos tiempo del esperado Cuchillo y Neria se encontraban dentro de casa de la bruja en una especie de estudio lleno de papeles, donde se sentaba un hombre menudo con unas pobladas cejas y mostacho, a su lado se encontraban dos enormes hombres que por costumbre adquirida con la practica apuntaban en todo momento a los invitados con una par de pistolones, sin apenas pestañear del esfuerzo.
-- Cuentamelo una vez más chico. -- dijo el hombre del mostacho.
-- Venga por dios, no creo que sea tan facil de enteder. -- dijo divertido Cuchillo.-- es muy facil, alguien avaricioso como yo un sucio pirata, no podía dejar que se le escapase tan util oportunidad, así que decidi cortar el cuello a mi capitán cuando dormía y me apodere de sus más preciados tesoros, ¿verdad que si tesoro?.
Neria reacciono muy naturalmente y aproximando su cabeza lentamente a la de Cuchillo al tiempo que le mordisqueaba la oreja suavemente, cosa que provoco en el pirata un súbito escalofrio, no sabiendo si era debido a la excitación o a lo que esa mujer podía llegar a fingir y hacer sentir.
-- Y es de sabiendas que su jefa quiere la lanza que tengo en mi poder, y tambien como no que yo prefiero un buen monton de oro antes que esa pesada baratija. -- continuo Cuchillo cuando se recupero de los encantos de su "amiga" -- así que estoy dispuesto a vendersela, o mejor dicho a invitarla a su venta.
-- ¿Invitarla dice usted?. -- pregunto el menudo y por la curvatura de sus bigotes se notaba que no podía contener un sonrisa.
-- Como ya sabra esa baratija es un objeto muy preciado en ciertos circulos, así que he decidido invitar a todos sus interesados y realizar una subasta.
Parecio que un rayo acabara de atravesar a aquel secretario, pues por el rato que tardo en reaccionar y el blanco de sus ojos Cuchillo creyo que se había quedado paralizado, despues reacciono como recuperandose de un mal sueño.
-- ¿Como se que lo que dices es verdad ?
Neria se levantó y lanzó sobre la mesa algo que resono en el silencio de la habitación, cuando el resto de la sala se fijói en el objeto no pudierón remediar el asco de comtemplar una mano immaculadamente cortada, donde brillaba el anillo del capitán Tim.
-- Mañana a la noche tendra lugar la subasta, les haremos llegar un mensajero con un par de horas de antelación, no queremos que "preparen" el lugar, y acuerdense de llevar el anillo o no podrán pasar. -- dijo Neria sonriendo mientras acariciaba el cuello de Cuchillo, para el que aquella farsa estaba costando mucho de sobrellevar.

Capítulo 30 : La morada de Regueira

El lugar hacia el que iban no se alejaba demasiado de la brisa marina. Desde las cercanías de la Plaza do Comercia y la Casa Dos Bicos, donde amarraron, no tardarían en internarse por la Rua Augusta, hasta llegar a la Plaza Figueira. Y para su intranquilidad, todo este camino parecía trascurrir peligrosamente a la vista del Castillo de San Jorge, que parecía vigilar sus pasos desde lo lato de la loma. Podían imaginar, desde la plaza Figueira, como algunos cargos de la guarida del castillo comenzaban a dar órdenes; los piratas, por su parte, ya estaban al norte de la loma, mientras que ellos mirarían hacia la costa, hacia el sur.
Tim paró en seco al llegar a la plaza. El antro de Regueira no quedaba muy lejos, y la mirada escudriñadora del capitán se esforzaba por sacar a flote los recuerdos y compararlos en aquella penumbra. Tras un breve deambular --un sospechoso deambular de una cuadrilla que no podía ser más variopinta-- el capitán acabó reconociendola; no era a primera vista una casa diferente a las de aquella opulenta zona de paseo. Las amplias puertas de gruesas tablas tenían un llamador de martillo que el capitán no tardó en levantar. Antes de eso sin embargo, tubo la precaución de dar algunos de sus fardos a Jieggel, principalmente uno alargado y enfundado que yo ya había visto detrás de la su silla de mando en el Putafosca.
--¿Quién vive? --Preguntó una voz autoritaria al otro lado.
--Tu verdugo si no me abres. Traigo noticias para Regueira.
--Regueira ya no habita aquí.
Tim Cabeza de Tiburón se alejó un poco de los portones y calculó sus posibilidades de saltar a la otra parte de la casa. Tal empresa no era difícil, pudiendo salir airosos incluso de una guardia de cuatro o cinco hombres. Pero evitar que el ruido diera aviso a corchetes que ya los buscaban hacía peliaguda la situación.
--¿Y dónde anda ahora esa zorra?
--Ni a vuestra merced ni a mí, y si conocerle se lo adelanto, le incumbe esa cuestión.
Tim se quedó mirando hacia el lugar donde provenía la voz, por una fina reja de hierro donde el guardia debía estar vigilándole. Apenas vislumbró dos ojillos bajo espesas cejas negras, pero entonces la mirada de apartó temblorosa. Tal vez ya conocían al capitán, y no quería ser reconocidas. El capitán suspiró y miró hacia sus matones.
Con un gesto, indicó que no había nada que hacer por esta noche. Dio media vuelta y comenzó a alejarse. Antes de perderse de vista, sin embargo, lanzó su hacia los portones un peculiar adios:
--El que niega la entrada de Dios en su casa, es un pecador. El que niega la entrada del diablo, es un santo. Pero si el diablo en persona es el que llama, puede acabar quemado igual en el infierno.


Por el camino, Cuchillo preguntó que iban a hacer ahora.
--Aquel guardián no sabía dónde estaba su señora.--contestó con voz abstraida el capitán.
En realidad tenía ya planes de caza para el dia siguiente, atrapar a la bruja con un cebo singular; pero el alma de Tim trataba sin embargo de no caer por el barranco del desamparo, en una cuestión de la que Cuchillo ignoraba la gravedad: Al terrible Tim le disgustaba la tierra firme. No conseguiría dormir aquella noche.

miércoles, febrero 22, 2006

Capítulo 29: Lisboa

El viaje transcurría sin más contratiempos. Los gritos de dolor provinentes del rincón donde solía reposar la aprendiz de bruja se iban espaciando en el tiempo, y ésta empezaba a acostumbrarse al ajetreo del barco. Cuchillo no tenía mucho tiempo, entre sus tareas habituales y la ahora extra de vigilar al mayor de los Murillo, pero cuando podía iba a ver a Neria. No se acercaba demasiado, pues demasiado bien había visto los cardenales y las heridas de aquellos que lo intentaban, pero se quedaba frente a ella mirándola, esperando a que le dirigiese la palabra. Así pasaban los días, y Neria continuaba ignorándole, él no sabía si porque le creía un bruto o por la humillación de haber perdido el duelo. Pero Tomás no se daba por vencido. Además, ella tal vez lo necesitara más tarde, cuando el resto de bucaneros se hartaran de intentar el juego sexual y prefiriesen unas reglas de juego más expeditivas. La chica contaba con la protección del capitán, lo que sólo servía cuando éste andaba por cubierta, y por tanto, quisiera o no, debería acogerse a su protección. Y ella lo sabía, pero aquella era una batalla de bueyes, qué cabeza estaba más endurecida por la tozudez.

Aún no había habido cambios cuando llegaron a las costas de Portugal. El capitán ordenó que la nave atracara, en una bahía cercana a Lisboa, se colocó la pertinente bandera portuguesa y se desempolvaron los salvoconductos firmados por el mismísimo rey de Portugal que se guardaban en algún cajón del escritorio de Cabeza de Tiburón. Aunque sabían que no estaban en Golden Sunrise ni en Trewnio, nunca estarían de más.
Cuando ya anochecía, Tim reunió a su grupo de habituales (y Neria), y botaron una chalupa para dirigirse a la capital sin llamar la atención.
Ya de noche cerrada, el grupo partió. El capitán dirigía el pequeño timón de la popa de la barca, y los demás remaban, acurrucados, con todos sus objetos metálicos tapados con tela para evitar destellos.
El momento más difícil llegó cuando pasaron por debajo mismo de los contrafuertes del castillo de San Jorge. Las murallas de éste caían al mar, y servía de defensa contra invasiones por ese flanco de Lisboa. Desde su posición, Cuchillo podía oir los pasos y las voces de los guardias que vigilaban entre las almenas, y todos los que iban en el esquife aguantaron la respiración. Jieggel mantenía una ballesta de extraño aspecto cargada y apuntando hacia las murallas. Y realmente esto fue una suerte, pues uno de los guardias que se asomó al mar para tirar unos desperdicios, soltó el cubo que llevaba de repente e inició una loca carrera hacia los demás, que estaban hablando más lejos. Pero el guardia sólo dio dos pasos, y cayó cuan largo era, atravesado su ojo por un virote mortal.
Una vez pasada la fortaleza, no tardaron en llegar a puerto, y pronto habían amarrado la barca y se perdían entre las callejas. Pero ya había un contratiempo: la forma de entrar en Lisboa quedaba descartada para salir, y deberían buscar una alternativa. En no mucho rato la zona portuaria se llenaría de soldados de ojos soñolientos y sus superiores gritando órdenes, tal vez alentados por los ascensos que recibiría quien los encontrara y los entregara a la justicia.

martes, febrero 21, 2006

Entremés 3: Entrevista a los personajes

ENTREVISTADOR: Bueno hablenos un poco sobre usted algo que pudiera interesar a los imbeciles que lean esta historía.
CUCHILLO : Me llamo Tomas y soy pirata a bordo de la Rapsodia, de momento no tengo ningun cargo exacto en dicho barco (debido al desconocimiento de estos por parte de los autores) pero le doy un poco de acción a la historia.
E : ¿No le da verguenza a un guerrero como usted declarar su tecnica solo con el nombre?
CUCHILLO : Jaja pues ahora que lo dices..., no mire, mi tecnica se basa en la cantidad de cuchillos que llevo encima, alrededor de unos 30 kilos de ellos, aproximadamente 253. Conforme avanza la pelea voy deshaciendome de ellos y con ello voy perdiendo parte del peso que transporto, con lo cual me muevo más rapido y soy capaz de acabar con mis enemigos en un suspiro.
E : Me deja sin palabras..., ¿podría contarnos algo sobre la mujer sin nombre?, dicen que tuvieron un encuentro especial...
CUCHILLO : ¿Sobre vete_a_saber_como_se_llama ?, bueno la verdad es que me excedi un poco forzandola...
E : Segun tengo entendido eso fue más bien al reves...
CUCHILLO : No vera puedo explicarlo, en realidad resulta que cuando me sobrevino con esa rapidez se me clavo una de mi dagas italianas en el sobaco impidiendome gran parte de mi movilidad, y claro a vistas de un observador poco habituado a ese tipo de encuentros, pensaría que era ella la que me manejaba...
E : ¿Alguna declaración para terminar?
CUCHILLO : Sabed que la entrepierna no es buen sitio para esconder ningun tipo de arma amigos lectores.
E : Espero que se lo imaginaran antes de esto...

E : Con que usted es el capitan de la Rapsodia más conocido como Tim "Cabeza de tiburón", ¿por qué ese mote?.
TIM: me alegra que me haga esa pregunta salmon de agua relajada, resulta que yo antes era un famoso personaje de alto standing, dedicandome al anuncio de productos navideños entre ellos un turron que llevaba mi nombre y claro el eslogan era "El de TIM que buen turron, el TIM-TURRÓN", por supuesto la cosa no tardo en desfasar.
E : A veces es mejor no saber el origen de ciertas cosas. Vayamos a otro punto y que me dice de esa extraña caja que solo sacan en tormenta, nos puede adelantar algo sore el contenido.
TIM : Faltaría más aunque no sabía que algo tan obvio fuera de desconocimiento general. Vamos a ver, ¿qué se saca fuera en los dias de tormenta?, pues que va a ser mis zapatos, su olor es tan fuerte que los dias de tormenta aprovechamos para airearlos.
E : De verdad esta quedando su reputación por los suelos..., ¿algo que añadir al final de la entrevista?.
TIM : GOMA GOMA de PISTOLA!!!!!!!, digo ARR rumbo al mar carmesí!!!!

E : la desesperación de encontrar algun personaje serio para poder llenar nuestra edición de corazon de pirata, me lleva a preguntarle a usted, como consigue ese efecto para que sus ojos parezcan llameantes.
MUJER_DE_OJOS_LLAMEANTES : ...
E : tan habladora como siempre, ¿que me dice de las translaciones instantaneas?
OJO_DE_RUBI : ...
E : y de su apasionado amor?
CRISTAL_ROJO_VIDENTE : ...
E : y sobre su nuevo broche de craneo?
SU_PUBLICIDAD_AQUI : ...
E : algunas palabras más?
SIN_NOMBRE : es muy triste no tener nombre sabes...

E: hasta aqui la entrevista de hoy, esperemos no tener que hacer esto más y poder seguir con la historia. ya que esto no hay tenido gracia ninguna....


Entremés 2 : Cosas del directo

Capítulo 22 (toma falsa) La bruja de Trewnio
"La silueta de la bruja se entreveía a tarvés del velo..."
TIM: Quisiera saber qué es ese medallón que tu hermana regaló a mi hermano.
BRUJA: ¿El medallón? El medallón, ¿eh?... Sí, lo sé muy bien. Hecho por elfos, ¿sabes? El medallón brilla cuando hay orcos cerca...
DIRECTOR: ¡Corten!
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Capítulo 25 (en directo) La solución pirata
"Tim comenzó a caminar altivo hacia Neria, como el aristócrata que era..."
DIRECTOR: ¡Dale, Tim! Que para algo se te paga. Dale a Neria lo que se merece.
ASISTENTE DEL DIRECTOR: Señor director, creo que hay un problema. Parece que el capitán no tiene muy buena cara.
DIRECTOR: ¡No interrumpa!
"Tim alzó la espada, la capa al viento..."
ASISTENTE DEL DIRECTOR: Pero director, ya nos avisaron que Tim se mareaba si pasaba mucho tiempo en tierra!
"Dio media vuelta, y clavó aquel filo en el corazon de la hermana de la hermana de Regueira..."
DIRECTOR: ¡Oh! mierda.
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Capítulo 17 (En directo) Robar al ladrón
"Al salir a cubierta, y tras enfrentarse a aquél mastodonte, Cuchillo bucó con la mirada a la muchacha, con quien por fin debería enfrentarse por fin..."
DIRECTOR: ¡El combate más esperado! Tenemos la audiencia a tope.
"La muchacha estaba en la barandilla de popa, dispuesta a saltar..."
DIRECTOR: ¡Nooo! ¡Insensata, ahora tienes que luchar contra Cuchillo!
MUCHACHA (entre dientes): ¡Ah! ¿Ya?
DIRECTOR: Da igual, todo sea por la audiencia. Hamurabi, ¿sigues ahi? ¡Enfrentate tú a Cuchillo!
(En ediciones posteriores, para que las masas tubieran a su estrella en escena, se tubo que cortar y pegar la escena, de manera que la actriz apareciera desde detrás de Hamurabi)
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Capítulo 22 (toma falsa) La bruja de Trewnio
"La silueta de la bruja se entreveía a través del velo..."
TIM: Quisiera saber qué es ese medallón que tu hermana regaló a mi hermano
BRUJA: Claro hijo, todo el mundo tiene sus amuletos y estás preocupado por el futuro, ¿Verdad? La consulta costará unos 22 doblones por minuto, pero tendrás que ser mayor de edad...
DIRECTOR: ¡Corteeeen! ¡Que alguien mate a esta anciana!
BRUJA: ¡¡¡Dos velas negras...!!!
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Capítulo 6 (En directo) La cosa
"Pero tras la pelea con Jieggel, alguién más tenía planes para aquella noche de tormenta..."
GREGOR: ¡Hey man, no ha sido un bad fight, ¿Eh? traer a Bruce Lee ha estado very right.
EDRIK: Bueno... por cierto, ¿diste de cuidar a los gusanos de seda de Tim?, ya están tejiendo el capullo.
GREGOR: Ni si quiera le hice agujeros ¡Oh my god!.
EDRIK: ¿Qué? ¡Entonces esa cosa puede desacerse, y entonces conoceremos el infierno!. Deja que le de al menos el aire de tormenta!
DIRECTOR (susurrando): Ey chavales, estamos rodando, pero creo que no se ha oido toda la conversación. Improvisad.
EDRIK: ...Ejem... Se rumorea que el capitán planea volver al Mar Carmesí...
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Capítulo 22 (toma falsa) La bruja de Trewnio
"La silueta de la bruja se entreveía a través del velo..."
TIM: Quisiera saber qué es ese medallón que tu hermana regaló a mi hermano
BRUJA: La sabiduría tú deseas, maestro Jedi, pero el poder no posees. Ese medallón está desequilibrando la fuerza...
DIRECTOR: ¡Corten!

Capítulo 22 (toma falsa) La bruja de Trewnio
"La silueta de la bruja se entreveía a través del velo..."
TIM: ¿Qué es ese medallón...?
BRUJA: ¿Medallón? No tengo ni idea, pero oye mocito, ¿no te interesaría pegar una vuelta con mi nieta? Acaba de aprender la danza del vientre...
DIRECTOR: ¡Corten!
"Desoyendo voces, una hermosa adolescente vestida apenas con unos arapos entró en el lugar, moviendo las caderas sensualmente."
DIRECTOR: ¡No! Que se quede, que se quede.

Entremés 1: la vida en el Rapsodia

Cuchillo se despertó en su rincón de cubierta donde dormía todas las noches. El Sol ya había salido por occidente, y Tomás vio que Jieggel también se levantaba, se sacaba un moco con aire perezoso y, tomándolo por la punta, lo lanzaba contra uno de los mástiles, atrapando una ardilla contra éste por la cola. Cuchillo no se sorprendió, pues éste solía ser el entrenamiento matinal de su compañero.
Poco después, ya Cuchillo había tomado la caña, a ver si atrapaba alguno de los muchos tiburones que se alimentaban del rico plancton de la zona. Mientras uno de los gitanos caía como una piedra desde las alturas, se levantaba y se iba con un juanete en el pie como única consecuencia, Tomás se levantó, pues había pasado unos 3 segundos sin pescar nada y se dirigió al camarote del capitán, a preguntarle la hora. Éste se acababa de despertar y ya se estaba poniendo el pijama para salir y empezar a dar órdenes a diestro y siniestro, pero Cuchillo lo detuvo con una mirada lasciva. Se detuvo, se desabrochó el pantalón y sacó un bizcocho que tenía escondido en ese lugar a prueba de toqueteos. El capitán lo vio y se le iluminaron los ojos, lo que Cuchillo aprovechó para ofrecerle un trato:
- Te daré este bizcocho si me dices la hora.
- De acuerdo.
El capitán tendió la mano hacia Cuchillo, y éste se la estrechó con un sonoro pedo. Evidentemente, la mano del capitán contenía un producto de broma de la tienda de 60 céntimos de euro marca ACME.
Cuchillo le entregó el pastel, y Tim le entregó a su vez la información que quería:
- La misma hora de ayer a estas horas.
Cuchillo se alejó, contento por haber conseguido tanta información con un pago tan pequeño. Salía ya del camarote cuando se encontró con Edrik, que caminaba haciendo el pino por cubierta. Su camisa le había cubierto la cabeza, con lo que Edrik chocó contra la pared del castillo de popa, quedando seriamente lesionado en una uña. Con la información de la hora que le entregó Cuchillo, Edrik trazó una estrategia envolvente para dirigirse a hablar con Garius, el médico, para la que tomó a la mitad de la tripulación. Mientras, la otra mitad cantaba canciones de guerra para ambientar, golpeando la cubierta con los pies en lo que semejaba el galope de una furiosa carga de caballería.

lunes, febrero 20, 2006

Capítulo 28 : La sospecha

El Rapsodia escondía, al menos, dos secretos bajo llave. Cuchillo no podía dejar de pensar en ello, mientras realizaba las tareas diarias del barco y vigilaba de forma sutil a Arrigo Murillo. El barco, que ahora se mecía por olas calmas y brisa de levante, era un rompecabezas que cada vez parecía tener más piezas, pero Cuchillo no paraba de observar entender. Y para el poco tiempo que estaba bajo las ordenes de Tim, no lo hacía nada mal.
De los dos secretos, el primero se hallaba en la baja bodega, solo accesible desde el puente de mando. Había visto la puerta, y podía imaginar que detrás habría unas escaleras de madera que conducieran a la una mujer encadenada. Era así, que ni la mujer rescatada del Doncella Alada, ni la que ahora había subido en Trewnio eran las primeras en maldecir la goleta. Si Akil no había dicho mal, la hija del governador de Golden llevaba unos dos años vistiendo las cadenas que la ligaban.
El segundo elemento permanecía, sin embargo, aun mas oculto en las sombras, tanto que últimamente había empezado a pensar que era fruto de su imaginación. Pero no lo era. La caja que había visto portar a Edrik, Gregor y el otro forzudo la noche en que Jieggel había intentado matarlo. ¿A cuántas cosas les puede ir bien al tormenta? Tal vez el oído le había jugado una mala pasada.

El día que dejaron el puerto de Trewnio, Arrigo aprovechó su fingida embriaguez para dejarse caer en el camastro y dormir. Tomás Cuchillo lo vigiló el tiempo que creyó necesario, y al cabo dio media vuelta y se puso a trabajr en algo de más utilidad. Tal vez fuese aquél un grave error, por que cuando volvió a los camarotes Arrigo ya no yacía en el mismo lugar. Para bien o para mal, no fue hasta mas tarde cuando lo volvió a ver en las alturas del velamen, trabajando con la agilidad de siempre.
--¿Cómo va Arrigo? No parecías estar muy bien cuando subiste.
--Algún día moriré en batalla, por los vicios no te preocupes. ¿No oíste el refrán? El vino aprieta, pero no ahoga.
--¡Eso dicen!-- Contestó a voces Cuchillo, en su ignorancia.-- Eso dicen.
Cuchillo observó tambien al resto de los gitanos. Ahora eran cuatro, dado que Lefo había caído al mar cuando guerrearon contra el Coloso. Y cada uno había actuado de la forma que creyeron más correcta, llegando incluso a hacerse cicatrices de juramento, por el alma del hermano caído. Si cuando subieron a bordo por vez primera --Dios sabía cuándo-- se había plantado en ellos el mismo odio hacia el capitán que en Neria o en el mismo, Cuchillo podía imaginar hacía quien podrían proyectar la venganza del hermano. Un robo, un capitán muerto, y cuatro hermanos gitanos de oro de Lisboa. Todo era posible.
O quizá el capitán se equivocase. Había drogas peores que el vino o el ron, que tal vez no dilatasen la pupila ni se descubrieran con el aliento. Por lo que Tomás Cuchillo sabía, era posible incluso que los efectos de esa droga desapareciesen de golpe, dejando a uno listo para trabajar. Si existía era posible que Garius la conociese.

Alguien maldijo a grito pelado cerca del extremo de proa. Habían intentado forzar de nuevo a Neria, pero si los perros se daban a entender cuando estaban en celo, las perras como ella no dudaban en expresar --con mordiscos si hacía falta-- que de momento no era aquella la época adecuada. Los lamentos del bruto, que a poco había estado de perder algo más que el orgullo, daban a entender que en el Putafosca la mano derecha iba a seguir siendo la mejor compañera de amores.

Capítulo 27: Abandonada

-- Tienes muchas agallas para haber vuelto.
La mujer se encontraba en el suelo sangrando de una herida en la frente y se agarraba inconscientemente la barriga para soportar mejor el dolor, no obstante los golpes recibidos no habían apagado sus ojos. Ante ella se encontraba un hombre enorme con la cabeza rapada y un enorme bigote negro que acentuaba la rectitud de sus facciones, estaba cubierto por una enorme capa negra y solo destacaba el broche dorado con una gran cabeza de lobo, que daba la sensación de que iba abalanzarse a devorar a los que lo miraban en cualquier momento.
-- Recuerdo haberte visto caer al mar cuando te abandonamos.--dijo el hombre. -- Sin embargo has sobrevivido y te has atrevido a volver, a volver con los que deshonraste. Si no has muerto aun es porque el mar te ha decidido dar otra oportunidad y has respondido. Nos has traido el medallón.
El rapado alzó el medallón para poder observarlo mejor a la luz de las apagadas antorchas, sus finas filigranas de oro y el elaborado tallado hacían de este una obra maestra, pero su valor se extendía más alla.
-- Dime que esperas de nosotros a cambio de habernos devuelto el medallón.
-- Me gustaría volver a ser la furia de los lobos. -- la mujer hablo, y en su tono había una mezcla de autoridad y rabia.
-- Eso es imposible, como habras supuesto hemos ocupado tu puesto.-- respondió el hombre sin immutarse.-- De hecho los viejos han votado por volverte a ofrecer al mar, pero yo no voy a permitirlo, eres demasiado valiosa.
^^Te voy a encargar otro cometido, y si lo cumples puede que se vuelva a confiar en ti. Salta a la vista que te encuentras en el flujo donde flotan ahora los cambios y te sera más facil adaptarte a ellos y variarlos, con la perdida del medallón hemos despertado la ambición de mucha gente y el mundo se ha desequilibrado. Tu misión sera cazarlos a todos y que todo quede en un cuento, como los que siempre han hablado de nosotros y nuestro mundo.^^

-- Tal misión es mucho más de lo que esperaba y la aceptare de buen grado por mi futura posición.-- susurro la mujer arrodillandose ante el rapado.
-- Me alegran esas palabras, pero no podemos confiar en tí tan plenamente.-- dijo el hombre al tiempo que extraía una expecie de broche con puas que centelleo en la penumbra la extancia.
La mujer reconocio al instante el objeto y se levanto rapidamente, en su cara solo se reflejaba el miedo y sus ojos se habían apagado como si hubiera visto al mismo diablo. El gigante se le acerco levantando la mano para poder agarrarla, la mujer reacciono rapido y lanzo una patada contra el hombre, pero antes que esta pudiera llegar recibio un puñetazo en la cara que le hizo crujir los huesos de toda la cabeza y estrellarse contra el suelo. Apenas consciente de lo que pasaba la mujer sintió como le perforaban la cabeza y se le adhería el broche al craneo mientras el artefacto emitía un ligero zumbido, despues cayó inconsciente.
-- Se ahora nuestra centana para ver y sentir el mundo exterior, y recuerda esto ahora no tienes nada oculto para nosotros.

sábado, febrero 18, 2006

Capítulo 26 : Una rata embarca

Cabeza de Tiburón ya había subido con su nutrido séquito a la Rapsodia, y gritaba órdenes a diestro y siniestro, preparándola para su inminente partida. Faltaba ya poco para el alba, la hora de partida hacia Lisboa, y los mozos del puerto se afanaban en cargar las últimas cajas con todo lo necesario para el viaje. Aun así, detuvieron su trabajo cuando vieron subir a la muchacha que iba a acompañar a los bucaneros en su viaje. Los mismos piratas estaban asombrados, porque para ellos era ley de vida el que no hubiera mujeres en el barco, y algunos de ellos, hablaban en corrillos, lanzando miradas reprobatorias al capitán, pero aún sin querer enfrentarse a él de forma abierta.

En el puerto, muchos barcos se afanaban también para su partida, tanto aquellos que volverían por la noche con su preciada carga de pescado, como los que iban para quizás ya no volver. Y, como había observado Cuchillo, no todos parecían demasiado legales. De todos era sabido que, allí en Trewnio, las inspecciones de los salvoconductos eran bastante, por no decir muy, superficiales. Y nadie se ocupaba de revisar las bodegas, para ver las banderas de cuántos países portaba cada barco. En el Rapsodia mismo ondeaba una bandera inglesa, y a su lado también se afanaban unos sospechosos marinos en un galeoncete de bandera española. El hecho de que ambos barcos se encontraran amarrados juntos describía muy bien su propósito real.

Ya los mozos pasaban a recoger su propina, acabada la carga del barco, cuando Arrigo, a quien nadie había echado en falta pues solía reposar por las alturas del barco, apareció entre dos calles con paso tambaleante y una botella en la mano. Una vez éste subió por la pasarela, desde tierra se retiró esta, y uno de los remolcadores del puerto se aprestó a unir cabos con el Rapsodia. En ese momento, el capitán hizo llamar a Cuchillo a su camarote donde se había retirado, dejando a Edrik a cargo de las maniobras necesarias. Tomás entró, llamando primero a la puerta, y se encontró con el capitán sentado en su gran escritorio.
- Quiero que vigiles al mayor de los gitanos- dijo éste - no sé si te habrás dado cuenta, pero ha subido al barco bastante borracho.
- ¿Y qué problema hay, señor?
- Precisamente ese. Me he acercado a preguntarle, y tenía las pupilas de un tamaño normal, y el aliento no hedía a alcohol. No sé por qué razón hará esto, pero no me fío ni un pelo.
- De acuerdo capitán.
Cuchillo se despidió con una inclinación de cabeza, y cerró la puerta tras de sí para volver al bullicio de cubierta, mientras ya el sol despuntaba en el horizonte

miércoles, febrero 15, 2006

Capítulo 25 : La solución pirata


De nuevo, la bruja y Cabeza de Tiburón se miraron a los ojos. Neria había perdido contra Tomás Cuchillo y lo prometido era deuda. Dos combates, solo una victoria. La cabeza de la hermana de Regueira no iba a tardar en rodar por el suelo, pero no era eso lo que reflejaban sus ojos. Ambos lo entendieron mientras se miraban, pero aun así la bruja lo dijo abiertamente:
--No tengas tanta prisa en darme muerte, capitán. "Si esa zorra tuya vence a solo dos de mis hombres seguire tu parte del juego, sino empezare contigo la venganza por la muerte de mi hermano". --Dijo la bruja imitando la voz del capitán-- Ese era y es el trato; pero no dijiste cuantos combates habrían de acontecer. Aunque Neria no ha vencido aun a dos de tus hombres, bien lo podría hacer aun.
--Bruja del diablo...
--¿Qué temes? Es solo una chiquilla, que como ves ya ha perdido una vez. Incluso tú podrías vencerla... ¿O olvidaste ya la esgrima? ¡Sí, eso es! Un capitán no necesita saber mover el acero, le basta con dar órdenes.
Tim parecía pensativo, torciendo el cuello a un lado y a otro. El trato había sido nítido en su momento, al menos para él, pero ahora el veneno de la lengua bífida de la bruja lo había emborronado. Y aun así, aquella anciana insistió un poco más:
--Nunca creí en el código pirata, pero tú no serás infiel a tú palabra. ¿Te tengo que llamar covarde? Covarde eres ¿Tendré que llamarte hijodalgo? --La mirada del capitán relampagueó en aquel momento, con unos ojos que sentenciaban la bruja si repetía aquella palabra -- Hijodalgo.

La capa negra y verde del capitán de la Rapsodia Putafosca ondulaba al viento mientras desenvainaba el sable, y se adelantaba hasta estar a menos de diez pies de Neria.
--Querida anciana, tienes toda la razón. Hace tiempo que no desenfundo como es mandado, creo que hoy acabaré con esa situación. Y espero que mis hombres, y hasta tu querida discípula, aprendan de esto.
Tim, se enderezó, plantó los pies en la postura de combate como un antiguo maestro le enseñó, y miró el sable. Ahora podían ver todos que Cabeza de Tiburón debía tener en sus venas algo de sangre de reyes, una aristocracia que no podía esconderse en sus pupilas. Neria también se preparó, y el capitán comenzó a caminar por su lado derecho, el izquierdo de la joven que tambien empezó a dar la vuelta.
Entonces, el capitán paró en seco e hizo algo que nadie esperaba: alzo el sable hacia ella, pero rotó sobre si mismo y la undió dos palmos sobre el corazón de la que tenía detrás. La bruja abrió los ojos como platos, sin acabar de comprender. Aun en aquella posición, el capitán forzó hacia abajo la espada clavada para rematarla. La anciana abrió la boca y después sonrió. Al final, cayó de rodillas y se desplomó.
Cuando Neria reaccionó, corrió como una posesa hacia la escena, y apunto estubo de ensartar al capitán, si no fuera por la rapidez de Jieggel que la hizo caer, desesperada como estaba en su carrera. En un abrir y cerrar de ojos, cinco de los hombres de Tim la habían inmovilizado.

--Nadie me llama Hijodalgo-- dijo el capitán. --En cuanto a tí... la bruja tenía razón en otra cosa. Me serás muy útil, y dejaré que subas libremente a mi barco. Dejadla chicos, esta mujer ya ha tenido suficiente. No le queda nada.
Dicho esto, la dejaron en el suelo y enseguida se pusieron a caminar hacia el barco, dejando a la chica atrás.
--No hay tiempo que perder. --Murmuró Tim, y entonces, para sorpresa de todos, Neria se levantó y comenzó a caminar hasta unirse a ellos.
Mientras subían al Rapsodia con el resto de la tripulación (algunos de los que habían pasado la noche en tierra lo hacían ebrios) Cuchillo no pudo evitar dar forma a un pensamiento cada vez mas sólido. La vida en el Rapsodia empezaba siempre así, con el odio hacia el capitán.

Capítulo 24: Duelo

Cuchillo había tomado buena nota de la pelea anterior, buscando huecos en la defensa de su ahora adversario y sabía que el capitán eligió primero a Edrik para que el siguiente contrincante tuviera alguna posibilidad, tal vez Jieggel hubiera sido una mejor elección ya que en su tecnica se respiraba algo de aquel letal baile. El pirata había oido decir a su maestro más de una vez, que había luchadore que decían que cuando se iniciaba una pelea y los contrincantes se miraban a los ojos, el resultado ya estaba decidido. Se adelanto al tiempo que extraía uno de más largos machetes que portaba y equipaba su siniestra con un par de daga perfectamente equilibradas y miro a los ojos de la mujer.

Cuando ambos contricantes se miraron, el tiempo pareció pararse, los piratas se quedaron mudos y blancos ante la tensión que crecía en el ambiente, solo el capitán parecía sonreir y la bruja entendía porque, puede que el joven pirata tuviera un oportunidad. Neria medía a su rival para sus adentros, no hubiera imaginado nunca que no pudiera soportar la mirada de un sucio corsario, además con aquellas armas perdía la ventaja sobre armas largas debido a que de nada le servía su corto alcance. Aquel combate se decidiría por poco.

Cuchillo y Neria se saludaron con una leve inclinación y acto seguido el pirata lanzo uno de sus dagas a la cara de la mujer tan rapidamente que algunos de los presentes no le vieron ni mover el brazo, la mujer no esperaba un ataque tan directo e esquivo gracilmente al tiempo que iniciaba uno de sus bailes. Lo que no esperaba ella era que cuando le había dado la espalda al pirata para completar una de sus vueltas apenas un instante, este hubiera aprovechado para lanzarle la segunda daga direcmente al lugar hacia donde ella se dirigía, mientras se abalanzaba hacia a ella como un suspiro. Neria paro la daga con uno de sus cuchillos sin poder evitar que este le fuera arrebatado de la mano, no habia esperado esa fuerza de una simple daga lanzada, se agachó, giró sobre si misma y saltó quedando totalmente en horizontal al tiempo que giraba en el aire sobre si misma, consiguiendo esquivar el tajo de Cuchillo por unos centimetros. Cuando la joven cayo de pie ambos contricantes quedaron de espaldas y sabían que el próximo sería el ultimo ataque fruto de la intuición y la suerte. La chica se giro desplazandose hacia su lado desarmado cubriendose con su única arma de un posible ataque, entonces se encontro con el pirata delante y solo tuvo que apoyar el arma en su cuello, había sido demasiado facil. No obstante cuando le miro a la cara lo vio sonreir y comprendió porque, su largo machete no estaba ya en la mano, se la había jugado y ella había caido en su trampa.

Cuando la danzarina pudo reaccionar el machete que Cuchillo había lanzado hacia arriba y ahora caía a toda velocidad y corto su frente superficialmente al retroceder rapidamente, pero tropezó con el pie del pirata cayendo al suelo y para cuando se recuperó este ya estaba encima de ella con otra de sus innumerables hojas apoyada en su cuello. Neria última sacerdotisa guerrera de la luna vencida por un sucio pirata, quitarse la vida no llegaba a saldar aquella humillación.
-- Podrías haber recibido el golpe en el hombro y habrías ganado. -- dijó Cuchillo a la mujer con una media sonrisa en su rostro.-- Pero no has sido capaz porque te da miedo morir.

-- He perdido...--susurro Neria al tiempo que unas lagrimas caian por su rostro.

martes, febrero 14, 2006

Capítulo 23: Baile

El capitán Tim y la hermana de Regueira sellaron su acuerdo y el primero fue a hablar con los suyos. Les explicó la situación y ellos rieron de lo ridícula que parecía. Una muchacha como aquella no debía poder ni alzar un hierro lo suficiente para atacar, y en cambio ellos habían sido templados en múltiples batallas, y las cicatrices en sus cuerpos se contaban por docenas. Sólo Cuchillo calló, pues ya había visto cómo se desenvolvía ese tipo de mujeres. Por ello supo que, si él no era el primer combatiente, el primer combate estaba perdido ya de antemano, pues el exceso de confianza se pagaría.

Salieron todos en tropel al patio trasero de la curiosa cabaña. Allí ya esperaba la bruja, pero no se veía por ninguna parte a su muchacha. Tim se detuvo frente a ella, y ambos se saludaron con una inclinación, retirándose después. El capitán gritó: "Edrik, adelántate". El aludido se levantó y se adelantó pavoneándose, a lo que los piratas contestaron con un coro de carcajadas. Edrik plantó sus pies en el suelo, intentando dar una imagen fiera para ver si la chica se asustaba sólo de verlo. Las carcajadas aumentaron todavía más, pero como Cuchillo observó, a ellas tampoco se unía el capitán. Sabía que no era cosa de risa.

Mirando divertida la situación, la brtuja dijo a su vez: "Neria, adelántate". Y de entre las sombras surgió la muchacha. El hábito que anteriormente disimulaba su cuerpo había desaparecido, y ahora tan sólo se tapaba con unos mínimos trapos, semejantes a los de una bailarina árabe. La muchacha portaba una extraña daga en cada mano, de hoja serpenteante. Se dirigió al centro del patio con paso grácil. Los corsarios continuaban con su mofa, pero Cuchillo quedó sin aliento. Aquella era una belleza a la que no estaba acostumbrado, pero de inmediato supo que también era una belleza peligrosa, pero no maliciosa, como la de la chica de ojos de demonio. Desde luego, parecían la una hecha para matar a la otra.

Los combatientes se saludaron, y empezó la contienda. Edrik embistió inmediatamente a la chica, pero ésta había emprendido un extraño baile. Se deslizaba sobre sus pies y daba vueltas, y con un seductor contoneo de caderas esquivó el filo de Edrik, que casi le rozó el vientre desnudo. Éste se rehizo y emprendió otro ataque, pero la muchacha continuaba danzando, como ajena a la pelea. Tras una serie de estocadas, todos tenían la sensación de que la muchacha sólo jugaba, y danzaba sensualmente con la espada y la muerte. Edrik mantenía su actitud atacando, y la chica esquivaba sus ataques dejando un roce de tela y un resto de perfume, siempre al límite, besando la hoja del pirata con su piel.
Pero parecía que Edrik empezaba a cansarse, tratando de alcanzar lo inalcanzable. La pelea estaba sentenciada. La maestra de Neria le hizo un ademán con la cabeza, y la muchacha que danzaba le respondió de la misma manera, dándose por enterada. Tras un giro especialmente grácil atrapó el hierro de Edrik entre sus dos dagas, y dando una vuelta lo soltó de las manos del pirata, y lo dejó caer al suelo. La espada resonó en el silencio estupefacto de los piratas, y Neria colocó una de sus dagas frente al corazón de Edrik. Éste hizo una reverencia, vencido, y se retiró hacia el grupo de bucaneros que esperaban, ahora serios y cabizbajos. Tim volvió a alzar la voz, y esta vez dijo: "Cuchillo, adelántate"

Capítulo 22: La bruja de Trewnio

La Rapsodia atraco en el muelle de Trewnio con tranquilidad, la ciudad se encontraba envuelta en niebla como de costumbre y alumbrada por unas altas farolas, que bien conferían a las calles un aire romántico y fantasmal. La ciudad estaba situada al pie de un extenso valle y esta atravesada por un apestoso rio que paradójicamente hacía que los cultivos de la isla crecieran de forma descomunal, haciendo de Trewnio un centro de reabastecimiento ideal. No obstante su arquitectura era lo más curioso, con una amalgama de todas la cultaras las casas se pegaban unas a otras y la sucesión de estilos era tan progresiva que costaba darse cuenta de que existía, "la ciudad mosaico" era su nombre en la multitud de poesías o cuentos que hablaban de ella.

Tim, Edrik, Cuchillo, Jieggel y un par de hombres más que Cuchillo no conocía (aun...), se dirigían hacia la casa de un viejo amigo del capitán, segun les había contado este, les daría valiosa información sobre sus próximos movimientos. Despues de una caminata de una hora (aquella ciudad parecía extenderse a cada paso) llegarón a la casa, una pintoresca choza de madera con un hermoso jardin rodeandola con diminutos arboles, nenufares e ingenios que se movian una y otra vez siguiendo una extraña lógica gracias a la fuerza del agua. La entrada a la estancia esta vigilida por un mujer vestido con unos hábitos que a Cuchillo le recordarón a Jieggel, sus rasgos indicaban que era hija de alguna unión entre europeos y orientales, con unos oscuros ojos como pozos y el cabello corto a la altura de las orejas.

-- El maestro le espera capitán.-- dijo la mujer al tiempo que hacía un reverencia con la cabeza.-- Pero sus hombres deberan esperar aquí.
Tim asintió y comento a sus hombres que no preocuparan no tardaría mucho en salir. El capitan penetro en la estancia y se sento con las piernas cruzadas en el suelo delante un velo por el cual asomaba se entreveía una silueta.
-- El hermano mayor se preocupa ahora del pequeño cuando es demasiado tarde. -- quejo una voz vieja y sueva al otro lado del velo. -- Refugiandote en el oceano y huyendo en tu barco al final la culpa te ha alcanzado, tu hora ha llegado y quieres saber si podras seguir adelante.
-- Basta de mecedades bruja, quiero saber que sabes de lo que tu hermana regaló a mi hermano.
-- De los negocios de mi hermana nada sé, no obstante eso también lo conoces tu. Has venido aqui porque necesitas mi ayuda y sabes que te la prestare.
-- ¿De que se trata?,-- dijo Tim desconcertado, ya que hablar con brujas era peligroso podían envelesarte con suaves ideas para dejarte caer al olvido con un simple guiño.
-- Me gustaría que acabaras con mi querida hermana, ha prestado servicio a los lobos demasiado tiempo y ello ha traido demasiado desequilibro, además ella te dara algunas de las respuestas que buscas, saldras ganando sin duda.
-- ¿Y como vas a pagar esa petición?-- inquirió divertido Tim.
-- Te llevaras a Neria mi aprendiz, ella es la única que puede subyugar a la bruja y sus habilidades te serán indispensables en el futuro.

Despues de una larga pausa en la que Tim medio las posibilidades y peligros que acaba de entrañar aquel encuentro al fin se pronunció.
-- No voy a llevar a ninguna mujer en mi barco y menos aprendiz de bruja.
La sombra rio maliciosamente.
-- Piratas siempre tan rudos y obstinados, mi aprendiz no es solo una bruja sino una guerrera capaz de vencer a todos esos hombrecitos que te has traido contigo, solo con su espada, nada de fuego y demás trampas de los tu calaña.
Tim enfurecido se dejo llevar por la rabia, nadie ponía en duda su hombría o su fuerza y por supuesto de ninguno de sus hombres de confianza.
-- Entonces hagamoslo a mi manera, si esa zorra tuya vence a solo dos de mis hombres seguire tu parte del juego, sino empezare contigo la venganza por la muerte de mi hermano.

-- Sea así.

Capítulo 21 : Calma

El cuerno de llamada sonó a la hora de siempre justo encima de la trampilla de la bodega, en medio de la cubierta del Rapsodia. Era así como Tim congregaba a toda la tripulación (solo uno de los gitanos solía quedarse en la gavia de la vela mayor, haciendo guardia) instándolos a que abandonaran los quehaceres para hablarles antes de la comida. Antaño habían usado una lujosa campana como la mayoría de los barcos, pero la acabaron vendiendo durante el frio invierno del 1602, hacía cinco años, cuando ni los pillajes normales ni los grandes abordajes conseguían traer nada al estómago. Entonces a algún bárbaro de a bordo se le ocurrió utilizar el cuerno, y no tardaron en acostumbrarse

Tomás cuchillo, que en ese momento estaba en el turno de pesca, se acercó a la masa de hombres que esperaban un discursos rápido. El discurso siempre daba paso a la comida del mediodía. Sin embargo Cuchillo ya sabía la mayor parte de lo que el capitán iba a decir.
--¡Palabras del capitáááááán! ¡Palabras del capitááááán! -- Voceaba el pregonero. Tim apareció enfundado en su gavardina de capa corta y uso diario, al modo de la aristocracia. A veces usaba sombrero pirata de ala larga, verde y negro como la capa, pero cuando hablaba con la tripulación lo hacía siempre destapado, luciendo el cabello largo y negro. Así de elegante, modesto y diplomático era Cabeza de Tiburón, en contraste con la ruindad de su vida. Se acercó a la barandilla de la terraza en el castillo de popa y miró a su tripulación hasta acallarla.

--¡Sucia y pestilente gente del Rapsodia! Todos habeis oido rumores sobre nuestra futura empresa. Algunos de los chismorreos que circulan son verdad y otros no. Ahora nos dirijimos a la isla de Trewnio, y cuando lleguemos podremos descansar un día entero. ¿Os extrañais de mi generosidad? Sí, aun nos queda fruta y verdura de Golden Sunrise y hemos arreglado casi todos los daños del Coloso. Incluso Jordi ha puesto a punto la Tercera Vela. No dudeis que si topamos con nave alguna, estaremos en condiciones de mandarla al fondo del océano. Y sin embargo, ved mi generosidad, iremos a Trewnio para que disfruteis de los placeres que vuestro oro os dé por un dia.
>Al dia siguiente partiremos hacia Lisboa, donde yo mismo y siete de mi confianza tendremos que hacer un sucio negocio. No durará mucho, espero, y en tanto quedareis al mando de Edrik para robar a los pequeños pesqueros portugueses. Lo que pase después no lo sé ni yo mismo. Tal vez, como rumoreais, volvamos al Mar Carmesí.
Eso era todo, y al finalizar anunció él mismo el menú del dia.
Tim había pensado mucho en anunciar la vuelta al Mar Carmesí, pensando en las deserciones que, pese a la pena de muerte, se podrían producir en el próximo puerto; pero tal como alguien dijo: "Se teme más el horror murmurado que el que se confirma con toda naturalidad".

Durante la comida, Cuchillo, Akil, Jieggel y Barbas se refugiaron del sol en la bodega.
--¿Dónde está Trewnio? --Preguntó Cuchillo.
Se hizo un silencio en el que nadie supo que decir, hasta que al cabo fue Barbas el que lo hizo.
--Arribaremos en un par de dias.
--¿Pero dónde...? --Volvió a preguntar poco convencido
--¡Dios lo sabe! y con eso nos basta.
--Tú eres ducho en la cartografía. Te he visto hacer mapas.
--Mi tierno Tomás Rodrigo, ¿Desconoces que vivimos tiempos extraños? La misma isla Media no debería estar donde está, o al menos no había allí nada en los primeros mapas.
--Eso es porque no había sido descubierta.
--¿Y entonces --argulló Barbas intentando hacerles reflexionar--, cómo te explicas que tenga una ciudad con siglo y medio de historia?
--Nosotros no sabemos de historia ni de geografía, respóndenos tú.
--La respuesta es que no hay que buscar una respuesta. Yo sé lo que sé porque sé leer, pero ya los libros antiguos quedaron en el polvo, y no sirven. Los místicos dicen que la vida misma es un engaño, y nos volvemos locos al nacer. Otros anuncian que las respuestas están en el Mar Carmesí, y la iglesia asegura que solo Jesucristo puede salvarnos. Desde luego yo ya no creo en nada. Si hemos de llegar Trewnio o Golden Sunrise, basta con adaptarse a los nuevos tiempos y olvidar todo lo demás. Solo así se encuentran y se hacen los mapas.
--¡Amén! --Se burló Akil.

lunes, febrero 13, 2006

Capítulo 20: Persecución

Los cinco capitanes de la Armada particular de Golden Sunrise se encontraban todos en la sala de corte de la mansión del gobernador. Ésta antes había sido vaciada sin mucho miramiento de mujeres que se dedicaban a diferentes labores y muchos chismorreos. Flotaba una sensación tensa entre ellos, pues prácticamente su cargo era simbólico, y tan sólo dos de ellos habían salido alguna vez a una misión seria. Por supuesto, ninguno de ellos portaba uniforme.

Se escucharon pasos venir por el pasillo, y el gobernador entró por las grandes puertas que cerraron, tras él, dos guardias armados con alfanjes y pistolas de mecha. McCork, que era de ellos el que se suponía Almirante y capitán del buque insignia, se levantó de su butaca. Era alto, y poseía esa complexión ruda de hombre de mar, y aspecto de haber pasado por mil batallas navales. Una cicatriz cruzaba su mejilla izquierda y desfiguraba su boca en una mueca permanente.
- ¿Qué es eso tan urgente que irrumpe en nuestras tranquilas vidas? - Por supuesto, McCork se saltó el reglamentario "Su excelentísimo".
- Tan sólo un barco - contestó el gobernador - el Rapsodia, aunque quizá os suene más el nombre de "Putafosca".
Los capitanes se removieron inquietos en sus asientos. Sabían de la fama del buque del capitán Tim, aunque nunca se habían cruzado con ellos. Jake Ford, contraalmirante y estratega del grupo, lanzó su silla hacia atrás al levantarse de golpe, y exclamó con aire socarrón:
- ¡Pero no ha incumplido ninguna ley de Golden Sunrise! El Putafosca se ha encargado de un barco que nos había traicionado, lo cual nos viene de perlas, ¡y por mucho pillaje del que escuchemos hablar, ninguno se ha cometido en nuestras aguas! ¡¿Para eso nos llamas a todos?!
- No os llamo por ningún pillaje, como bien habeis escuchado a nuestro querido contramaestre, sino para que por ahora lo sigáis allá donde vaya. Nuestros informes indican que se dirige a hacia el puerto de Trewnio. Allí pararán a aprovisionarse, y será una parada larga, pues no contarán con ser perseguidos. Debereis alcanzarlos, y tratar de colar a alguno de vuestros hombres en el barco. Si Tim recupera su medallón, que es uno de nuestros objetivos, el espía deberá informaros, y a su señal, atacad y destruid, pero conseguídmelo.
- Pero gobernador, su hija...
- Creo que llegado este punto la vida de mi hija es lo que menos me importa. Tan sólo recuperad el medallón, y si tenéis oportunidad, la lanza de Arwulgis. Y recordad, izad la bandera pirata.

El día siguiente amaneció brumoso, pero parecía que iba a ser una buena jornada. Los más madrugadores de Golden Sunrise pudieron ver algo que no se había producido en muchos años. El galeón y las cuatro goletas del la Armada del Puerto enarbolaron sus velas y se hicieron a la mar, perseguidos por buenos vientos de poniente.

jueves, febrero 09, 2006

Capítulo 19 : Garius, ron y amputaciones

Los dias que siguieron al abordaje del Coloso fueron dedicados rutinariamente a la reparación del cuerpo y del barco. Tambien a la reparación del alma de cada uno, que en algunos pocos casos había sido mutilada en mayor grado que el cuerpo, pero lo que ocupó las horas en los dias que estubieron viajando hacia Trewnio fueron mayoritariamente los remiendos de piel y músculo.
Aunque nadie había recibido el impacto directo de una bala de cañón --casi nunca sucedía tal cosa-- las moles que se estrellaron contra el casco habían hecho saltar grandes astillas que acababan incrustandose en la carne. En la mayoría de casos, una incrustación garnde y con desgarro hacía necesaria la amputación del miembro afectado; y Garius, el matasanos del barco, las apañaba como mejor podía, que no era poco.
Garius era como un artista capaz de hacer un boceto en la piel, cortarla con cuchillo, seccionar o arrancar los músculos, serrar huesos y tendones, atar venas, coser la piel, y arreglar el muñón para que no se infectara de inmediato, todo ello en menos de tres minutos. Al finalizar daba un poco de opio y ron al paciente. A veces se ahorraban el opio y el ron dando al enfermo un golpe en la cabeza cuando menos se lo esperaba, provocandole la inconsciencia; pero esa no era una práctica aconsejable.
Él mismo había tenido que cortarse la pierna izquierda tras recibir en esa parte un disparo de arcabuz que no tubo la precaución de curar a tiempo. En su lugar, una fusta poco estética hacía de punto de apoyo. Garius no contaba más de cuarenta años en su haber, ni más de veinte en su oficio, pero la repetición de las mismas prácticas --dibujar, cortar, serrar, anudar, coser-- le habían otorgado una velocidad muy util para operar. La mayor parte de las veces, ser rápido en la operación era la mejor garantía de ahorro de dolor.

En ese momento, la tercera siesta del mediodía desde la partida de la Isla Media, habiendo acabado ya las operaciones y revisiones de todos los que habían pedido cura, dormitaba en su nicho con el resto de la tripulación, pero un ruido sordo y un lamento, ambos provinentes del puente de mando, le hicieron perder el sueño. El capitán se había aislado allí con su botella de ron. Al girarse, el médico se percató de que algunos de los uqe le rodeaban solo fingian dormir, preocupados por el capitán. Toda la tripulación sabía que el capitán lloraba. Lloraba a su hermano, a veces sin lágrimas que fluyesen llevándose la pena, así era mantener la respetabilidad.
--¡Tan cerca estube! Oh... Tan cerca de aquel medallón que tubiste que quedarte. Sé que solo es importante porque fue tuyo, porque es lo que me queda de ti. Pero ellos lo tienen por otro motivo, ¿Verdad? ¡Hip! --El capitán hablaba con sus fantasmas de alcohol-- Arrrr... No es solo un cebo que, dios lo sabe, me acabara haciendo volver al Mar Carmesí donde moriré. Tú sabías algo mas sobre ese medallón. ¿Qué clase de magia...? Jodido Gorante, tú tambien lo decubriste ¡y Regueira, la bruja de Lisboa! se dejó hurtar para que consiguieras el medallón.
El capitán asió la lanza de la sacerdotisa de la Luna y comenzó a hacerlo restallar contra las paredes y el escritorio. Cuando se cansó, lo dejo caer y prosiguió.
--¡Este palo era todo lo que queríamos de ella, no el estúpido medallón! Juro que... Argghhh
El capitán vomitó en aquel momento y buscó la postura más comoda en el suelo. Cuando Jordi y Garius estubieron seguros de que empezaba a soñar, entraron para asearlo y lo acomodaron en su camastro.

Cuando despertara, como siempre, los dos negarían haber hecho tal cosa.

miércoles, febrero 08, 2006

Capítulo 18: Retirada estratégica

Muerto el capitan, el barco se desmorono rapidamente, pero antes de que los piratas de la putafosca se dispusieran a disfrutar de la mejor parte de su trabajo, el saqueo, el capitán Tim ordena la vuelta al barco ya que se disponian a huir de allí. La batalla había despertado el interes de los demas barcos piratas del muelle que no se lo pensarían dos veces en atacar ahora que estaban heridos, pero no contaban con la velocidad de la Rapsodia, teniendo que contertarse con las migajas que quedaban de "el coloso".

Cuchillo se encontraba frente a Tim de nuevo en su despacho, esta vez el viejo estaba acompañado de Edrik que no paraba de gruñir por un herida que habia recibido en el antebrazo, Akil tambien estaba en la habitación y parecia el peor parado de todos pues llevaba una venda alrededor de la cabeza, que le confería un aspecto más grave del que sufría.
-- Así que esa es la historia,-- dijo el capitan, al tiempo que entornaba la mirada perdido en sus divagaciones.-- Muy bien Cuchillo lo he decidido, dado que he perdido hombre de confianza y tu pareces capaz además de sospechoso, a sabiendas del dicho "manten cerca a tus amigos y más aun a tus enemigos", vas a saber lo que se cuece realmente en este barco.-- dicho esto dirigio una mirada a Akil y miro a Edrik quien levanto los hombros. -- Akil gozaras de los mismos privilegios que tu compañero dado que te has ganado una buena reputacion en mi nave.
>Nos hemos metido en un buen lio, no puedo contaros ahora mismo todo lo que se porque sería una larga charla y no vale la pena dado que son solo cuentos y rumores. Lo más importante ahora es recuperarnos y averiguar que tiene ese medallon de especial, para ello deberemos ir al lugar donde mi difunto hermano lo robó, aun queda a bastantes millas de aquí y tendremos que pasar por el puerto de Trewnio. Desde ahora quiero que ambos me conteis todo lo que os ocurra relacionado con esto, yo hare lo mismo, esta claro que no sobreviviremos sino estamos juntos aunque eso vaya contra nuestra naturaleza bucanera.
-- Podeis marcharos, todos necesitamos un descanso.-- acabo el capitan que parecía tan abatido como ellos,-- intentaremos interrogar a los poco prisioneros que tenemos a ver si saben algo, pero lo dudo.

Cuando llegaron donde se encontraba el barbas le vieron dando de comer a su gigantesca rata, este les dirigio un mirada para luego sonreirles, estaban vivos y eso era todo lo que importaba esa noche. Muchos conocidos suyos se habían dejado la vida en un abordaje que no tenia como fin ni mucho menos el que ellos creían y otros tantos morirían los dias siguientes de infecciones o gangrena. Aun quedaban rastros de la batalla en cubierta y en el casco de la Rapsodia pero no era nada que se pudiera reparar, en ese momento los demas hombres estaban arrojando al mar a sus difuntos compañeros mientras otros se repartian las escasas ganancias. Akil, Cuchillo y el Barbas decidieron ir a dormir ya tendrían tiempo para pensar y preocuparse de su futuro destino.

Capítulo 17: Robar al ladrón

Cuchillo estaba cegado por el humo de la habitación, y las llamaradas que subían desde el suelo ya empezaban a lamer las paredes. Aquél no iba a ser un lugar seguro, de forma que pensó en salir de allí y esperar a la muchacha fuera, pero ella también había pensado lo mismo. La vio abandonar la habitación sin perder ni un momento su paso grácil, así que subió tras ella por las escaleras que daban a cubierta. Al llegar a ésta, resbaló con la sangre y fue a parar sobre un montón de cadáveres y partes de estos. Mojado en sangre desde la cabeza a los pies, se levantó justo a tiempo para ver venir a uno de los marineros, un mastodonte armado con una alfanje que debía utilizar como tabla de planchar en sus ratos libres. Cuchillo inclinó el cuerpo hacia la izquierda, y cuando su enemigo se desvió hacia allá, con un quiebro le pasó por la derecha, y clavó sus machetes en la espalda del desgraciado. Entonces, vio a su muchacha subir por las escaleras hasta el castillo de popa, y la siguió.

Una vez arriba, vio a la muchacha encaramada a la barandilla de popa, dispuesta a saltar, así que trató de impedirlo, pero un grito de furia le hizo darse la vuelta. "El perro" se dirigía hacia él blandiendo una oscura cimitarra, y cuchillo tuvo el tiempo justo para parar el primer golpe, que ya le dejó los brazos entumecidos. Iba a asestar el segundo cuando abrió sus ojos como platos, y expulsó una bocanada de sangre por la boca. Hamurabi bajó la vista hacia su vientre, sólo para observar cómo una hoja que emitía un extraño brillo surgía de él. Sería lo último que vería en vida.

La caída del cuerpo del Perro dejó al descubierto su asesino. Aquella que antes se encontraba detrás de él ahora empuñaba la extraña arma. Como habría llegado hasta allí ya era otro asunto. Se agachó y arrancó del cuello del capitán muerto un colgante que refulgía manchado de sangre, se lo colgó al cuello y lamió la sangre que había en éste, con sus ojos chispeando divertidos. Tomás se preparó para hacerle frente. En ese momento supo que no tenía ninguna posibilidad, pero quedó igualmente sorprendido cuando sintió el acero de ella en su cuello, y ya no estaba delante, sino a su lado. A ello siguió un susurro: "No te mataré, y le dirás a tu capitán que si quiere lo que venía buscando, tendrá que venir a nosotros. Nadie que haya entrado en nuestro mar debe salir con vida, así que le esperaremos".

La muchacha soltó a cuchillo, y de un grácil salto se lanzó al mar. Pero no estaba sola, pues un bote repleto de remeros la esperaba, y éstos se dirigieron hacia otro barco, que le había pasado desapercibido hasta entonces. Era una goleta toda pintada de negro, y sus velas desgarradas danzaban con el viento. El barco zarpó tan pronto como recogió al bote, y desapareció extrañamente en una niebla que adquiría una tonalidad sangre a la luz de la luna.

capítulo 16 : El Coloso (+cap. 16bis : Hamurabi)

Cuando las dos bestias de madera estubieron lo suficientemente cerca en aquellas aguas incendiadas, se hizo un momento de silencio, como si hubiera pasado un ángel. Justo el tiempo que tardaron las mechas de los ochenta cañones del Coloso en prender hasta el detonante. Luego se dejaron aparecer los otros ángeles, los de las trompetas, que venían anunciando el apocalípsis.

Toda la batería de estribor tronó en su correcto orden, de popa a proa. Pocas balas o ninguna atravesaron catastroficamente el casco del Putafosca, pero en algunas partes comenzaron a oirse los primeros chillidos de dolor, provocados por las astillas que saltaron con el golpe de aquellas moles de hierro. Solo entonces, diez grandes planchas, de treinta pies de largo y cuatro de ancho comenzaron a levantarse en el Putafosca hasta que estubieron en vertical y después se dejaron caer sobre el Coloso. Una de ellas no se sostubo y cayó al mar, y otra aplastó a uno de los recios marineros de dhow. De la goleta de dos mástiles y medio comenzaron entonces a brotar una legión de bucaneros, avanzando por las planchas mientras disparaban pistolas a dos manos.
--¡Derribad las planchas! --Rugió Hamurabi a sus soldados, que ya empezaban a a caer frente a la invasión.
Dos de los más cercanos a él corrieron raudos intentando volcar una tabla y comenzaron a arrastrarla hacia la borda, protegidos por un escudo de acero. Dos de los más adelantados perdieron el equilibrio y cayeron, pero en aquel momento uno de los dos recios musulmanes cayó fulminado como si una bomba hubiera explotado en la cabeza. Jordi y su rifle tomaban posiciones a larga distancia.
--Capitán --llamó un guardia de Hamurabi-- ¿disparamos los cañones largos?
--Ya es demasiado tarde para eso. ¡Si nos entretenemos hudiendo su barco cojerán el nuestro!--
Una gran explosión sonó en la popa, cerca del lugar donde ya había estallado el otro barril. Hamurabi, ignorante del combate singular entre la mujer y Cuchillo, se preguntó si el ataque había llegado ya a aquella parte. En todo caso, no tenía tiempo de matar esa curiosidad.
--¡Guardias, cargad contra la tercera tabla!
Allí se encontraba el encorvado y paliducho Edrik, respaldado por cinco de sus más forzudos hombres. Él tambien gritaba órdenes a diestro y siniestro. Cuando disparó sus dos pistoletes, los arrojó con puntería al moro más cercano, y pronto se halló luchando en la baja borda del dhow.
Sonó un segundo y último redoble de cañones del dhow, algunos de los cuales volaron parte del castillo de popa del Rapsodia. Pronto la lucha llegaría hasta las mismas cámaras donde se situaban los cañones del Coloso.
Gregor, justo delante de Edrik, seccionó el brazo de un musulmán, que comenzó a recular hacia los camarotes. Sin embargo, el inglés decidió que aquel aun podría manejar un arma con la otra mano y que tenía que acabar el trabajo. Pronto el temerario se vio rodeado por tres cañoneros que saltaron hacia él, y harto tubo con intentar parar los golpes de cimitarra y alfange .Una porra surgida de cualquier lugar chocó contra su rostro; desequilibrado por el dolor, vio como una hoja curva lo rajaba a la altura del bajo vientre, haciendo que parte del intestino empezara a caersele. No tubo tiempo de hacer nada más que contemplar aquello, y después sus ojos se cerraron para siempre.
La guardia de Hamurabi intentaba dar caza al maestre del Rapsodia. Este lo sabía y los mantenía ocupados huyendo y escabulléndose entre la tripulación arábiga. Entonces, el propio capitán del Coloso oyó rápidos pasos hacia él y se giró en redondo, con el tiempo justo de parar el golpe de Akil y darle un sobervio golpe de puño en el pecho. Lo hizo retroceder varios pasos, mientras él intentaba coger aire con unos pulmones aplastados. Hamurabi lo desafió en un perfecto árabe:
--¡Vaya, mi buen Akil, parece que los pescadores tambien intentan ahora dárselas con la espada!

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Capítulo 16 bis: Hamurabi


El escaso fuego griego que empezó a arder en el muelle fue rápidamente sofocado por más voluntarios que responsables, como si de un hormiguero en peligro se tratase, los marineros se afanaron en apagar unas llamas que a veces resistían el efecto del agua arrojada. Muchos otros huyeron despavoridos o se deicaron a llevar sus nabes hacia mejor puerto, y ninguno se atrevió, en primer término, a atacar a las dos naves que ladraban, se mezclaban y ardían.
Para tranquilidad de Tim, el cañonazo de Akil fue visto por varios testigos que no tardarían en pregonar que el Coloso había iniciado un ataque de oscuros intereses contra Golden. Tambien el chorro de fuego de la Rapsodia Putafosca fue visto, pero en el caos de la batalla, nadie podía saber si esta pretendía atacar el puerto o la nave de Hamurabi.
En todo caso, casi la mitad de la tripulación del capitán musulmán se hallaba en el puerto y no tuvo acasión de subir abordo.

Lefo Murillo cayó al agua con una fea herida cerca del ombro. Tal vez muriera, pero por lo pronto quedó en el mar, y no pudieron recogerlo. Arrigo, el mayor de los cinco hermanos gitanos no tardó en desobedecer a su maestre y localizar a aquel que pudo haber disparado la bala, blandiendo como lo hacía una alfange vieja y algo oxidada en la diestra, y una navaja aragonesa en la siniestra. Sus golpes tenían casi siempre algo de desesperado y huidizo, buscando a menudo la ventaja con todo tipo de trucos ruines: arrojar objetos, fingirse débil para atacar al confiado o trepar para caer mortalmente sobre prevenido o desprevenido. Se abrió paso a golpes de alfange y cuando estubo en la espalda de los que creyó que podían haber disparado a su hermano, clavó la navaja en sus cuellos.

Edrik, perseguido como estaba por seis de los temidos guardias de Hamurabi, se batía en una huida continua mientras gritaba voces de mando, llegando en último término a volver al Putafosca donde dos de las bestias que lo perseguían fueron abatidos por el rifle con alargavista de Jordi. Los otros tres perdieron la esperanza de pillar al Maestre, y se unieron a la gran masa que defendía de forma indiferenciada el Coloso. Más tarde se supo que al menos otro miembro de la guardia había caido bajo la catana de Jieggel.

El balance de la batalla empezaba a favorecer la victoria de los abordados en la mitad de popa, donde solo tres tablas de abordaje habían conseguido tenerse. Allí podían contarse sin duda mas cadáveres del Putafosca, y los moros empezaban a desplazarse a la otra mitad del barco donde Hamurabi el Perro atizaba a Akil entre el resto de la sangrienta algarabía. Si ambos hubieran combatido en un tablado en duelo singular con público, aquella riña hubiera sido recordada. Hamurabi no solo era enorme, si no que se movía rápido como una bestia enorme en estampida. Como una osa que hubiera perdido sus oseznos y se hallara delante del cazador, o como... Sí, eso era: como uno de los grandes Ogros de los que empezaba a hablarse en esa época. Hamurabi no era un Ogro, pero su tendencia a destrozar brutalmente todo a su paso dejaba pocas salidas a Akil, que ya había sido golpeado en las dos piernas. Evitar el filo negro del Perro ocupaba casi todas las empresas que el flaco pudiera pensar.
Fue entonces cuando fue acorralado en el cuarto de cocina. Pensó en lo bien que le hubiera venido uno de esos explosivos de mano que su mentor Jordi le había enseñado a fabricar, pero allí no tenía ninguno. Había sin embargo una gran campana para anunciar la hora de comidas, y un martillo para tañerla. Akil lo cojió con su mano izquierda y se abalanzó hacia él para estampársela. El arrojo fue tan repentino que aunque el ogro esquivó la primera inercia del martillo, moverse lo dejó desequilibrado, y el flaco aprovechó para cortar con su alfange la cuerda de la campana. Tampoco la caida de esta lo golpeó de pleno, pero la presa y el predador empezaban a intercambiar papeles. La campana cayó de cualquier manera, y una vez en el suelo empezó a girar por el suelo. Mientras intentaban que sus pies no fueran aplastados por la mole ambos se atacaron, recibiendo Akil el peor puñetazo en la cabeza que hubiera recibido nunca. El golpe lo mandó fuera de la cocina, y poco después se vio huyendo, definitivamente. El bruto, sin embargo también recibió su golpe en la cabeza al mismo tiempo que él golpeaba. Akil lo había alcanzado con el mazo.
Aun atontado y viendo las estrellas Perro salió de la cocina buscando a un adversario que ya había desaparecido. En contrapartida, encontró la esplada del otro "náufrago" que había subido al dhow. Estaba a menos de veinte pies, y más allá estaba la mujer de los ojos de diablo, al parecer dispuesta a saltar al agua. Lanzó su rugido de furia y empezó a correr hacia Cuchillo...

Capítulo 15: Pólvora

Hamurabi, más conocido como "el perro", estaba preocupado, aquellos dos hombres que habían subido al barco eran sin duda sospechosos en cuanto menos, no obstante la orden de haberlos dejado pasar venía de arriba, de muy arriba. Los lobos no podían ser desobedecidos, gracias a su ayuda "el perro" había conseguido grandes victorias a lo largo de la costa del viejo mundo, adjudicándose un buen número de colonias, ahora le tocaba a el responder ante su representante. El porque un grupo tan poderoso hacía acto de presencia a traves de aquella mujer era algo que desconocía, hasta que realmente se había fijado en ella, la mujer erradiaba fascinación y odio, vestía extraños habitos, unos pantalones que se adherían a la figura con un vestido que la cubria de pies a cabeza y un corte en la falda hasta la cintura, portando una extraña arma a la cintura. No obstante ahora no está en esta habitación, pensó relajado.

Un destello rompio la oscuridad y el estruendo de un cañonazo lleno la habitación, los guardias sobresaltados se giraron hacia su señor.
-- ¿Qué demonios ha sido eso?- preguntó alterado el perro al tiempo que se levantaba para salir a cubierta.
-- Parece que hemos disparado un cañon debe haber sido algun tipo de accidente.
Cuando Hamubari llego a cubierta y escruto su entorno se dio cuenta de todo. Una caseta del puerto estaba en llamas y la campana de alarma resonaba en todo la ciudad, alguien había simulado que atacaban el puerto, lo cual les iba a traer graves problemas.
-- Buscad a nuestros invitados y la mujer, quiero que repondan ante mi presencia,- le dijo a sus diestros guardias, estos asintieron y desenvainaron sus enormes cimitarras. El perro respiro hondo y se preparo para dar ordenes.
-- ¡¡¡Hombres del coloso a sus puestos de combate!!!, ¡¡¡ Desplegad las velas, timonel saquenos de este puerto!!!.-- Si actuaban rápido podrían huir del puerto antes de que les perseguieran, deberían abandonar a su suerte a los marineros que se encargaban del reaprovionamiento pero sino lo hacían los condenaría a todos.
-- ¡¡Barco enemigo a la vista a corta distancia mi señor!!
Ahora no cabía duda era un trampa, era imposible que ningun barco pudiera haberse preparado para la batalla a esa velocidad, en ese momento sus cañones escupian humo y un enorme aparato parecido a un grifo fuego de una extraña textura, les habían pillado por sorpresa. Hamurabi decidio hacer lo que hubiera hecho cualquier hombre, si morir era su destino al menos no se iría solo al mas alla, al menos los tres causantes de aquel desastre iban a pagar por aquello.

Akil y Cuchillo acabaron de amontonar barriles de polvora y prepararón la mecha, la explosion no dañaría en exceso el casco pero sería el inicio de un buen incendio, encendieron la mecha y se dirigieron hacía la cubierta con la esperanza de que la confusión les permitera escapar de allí a toda velocidad. Los barriles explotaron con un gran estruendo y llenaron de humo la habitación en la que se hallaban, cuando el humo se hubo despejado un poco y los ojos dejarón de llorarles vieron que había alguien más en la habitación, portaba una extraña arma y sus ojos relucían como el atardecer.
-- Akil sigue tu, esto es cosa mía-, dijo Cuchillo al tiempo que avanzaba hacía ella y extraía sus dos machetes de la espalda.

martes, febrero 07, 2006

Capítulo 14: Embarcados

Aquél dhow tan grande iba a ser un digno contrincante. Conforme los dos corsarios iban llegando en su esquife, iban tomando nota mental de su potencial. El barco tenía bajo calado, por lo que daba la impresión de ser una gran balsa. Esto impedía que la colocación de cañones en los laterales, pero ello hacía el armamento más terrible aún. Una fila de cañones se alineaba en los laterales del barco, muy pegados entre sí, de forma que la falta de varias filas se suplía con la gran cantidad de cañones. Esto hacía que fuera difícil incluso el abordaje, pues sus compañeros no podrían saltar sobre la borda directamente. Detrás de estos se veía surgir de las bodegas una serie de cañones inusitadamente largos. Parecían preparados para disparar en parábola, lo cual dañaría a un barco desde arriba pudiendo llegar justo bajo él de forma catastrófica. Además, si la larga longitud de éstos era realmente útil, su alcanze habría de ser increíble.

Mientras Akil y Cuchillo observaban todo aquel despliegue, el barco se les echó encima, y desde la cubierta cayó una escala de cuerda, invitándolos a subir. Akil tomó la escalerilla primero y subió con agilidad, seguido de Tomás. El primero habló con una voz que sonaba casi sincera, pidiendo un transporte seguro al puerto. Los marineros los miraban de forma desconfiada, pero el capitán los recibió luego con una sonrisa que repitieron algunos de ellos. Ya anochecía, y las luces de la ciudad portuaria se empezaron a ver a lo lejos, mientras se iban encendiendo. Tomás se escabulló en las sombras, buscando un lugar donde esconderse pero en el que quedara cerca de los cañones. Akil hablaba despreocupadamente con algunos marineros más allá, y el ambiente era distendido. Nadie esperaba lo que iba a ocurrir.

Y tampoco nadie sabía el motivo real de la ayuda de Cuchillo a Akil. Tomás, desde un rincón que encontró entre el cañón y la parede de una especie de cobertizo, observaba la cubierta, esperando a que Akil pasara a la acción, pero también esperando vislumbrar la luz demoníaca que se escondía en los ojos de aquella cara de porcelana, aquella boca carnosos que igual besaba con pasión como mordía con un salvajismo aterrador. Y estaba en esos pensamientos cuando vio que Akil se despedía de los marineros, saltaba hacia la bodega (que sólo se encontraba un poco más abajo que la cubierta) y se disponía a disparar uno de los cañones.